¿Y si Harden es el problema?

¿Y si Harden es el problema?

El mercado NBA entró ayer en ebullición con la noticia que aseguraba que Westbrook había pedido el traspaso para no seguir a la sombra -deportiva y no tan deportiva- de James Harden en los Rockets. Uno de los binomios más extraños pero atractivos de la última temporada podría acabar saltando por los aires y dejando en el aire una pregunta un tanto puñetera: «¿Y si Harden es el problema?»

De marcharse Westbrook, sería el segundo base que los Rockets se ven obligados a poner en el mercado por no haber encajado con la estrella indiscutible que era, es y será el 13 de Houston, la Barba. Hace doce meses, el mismo Russ llegó desde los Thunder donde había jugado toda su carrera y lo hizo a cambio de un Chris Paul que no quería seguir con Harden. Y viceversa.

A pesar de que el invento de Morey de poner a CP3 al lado de Harden salió mucho mejor de lo que podíamos esperar en un principio al juntar dos jugadores que amasaban mucho la pelota, el equipo que más complicado había puesto el camino de los Warriors a las Finales del Oeste se diluyó como un azucarillo con la marcha de Paul que, además ha completado un año sobresaliente en OKC llevando a siete partidos a los propios Rockets en la primera ronda del Oeste. Ver para creer.

Mientras Houston jugaba a tirar triples -lógicamente alguno entraba- los Thunder subían, movían fichas, ajustaban y empataban a dos una serie que Houston empezó 2-0 y que, nombre a nombre, deberían haber ganado antes del séptimo. Mientras unos abrazaban el caos, los otros eran guiados por un metrónomo que encajaba las fichas con una facilidad que hacía funcionar un sorprendente small ball con Shai Gilgeous-Alexander y Dennis Schröder. Se ha escrito mucho sobre CP3 y su peculiar forma de ser pero hay que decir que desde que salió de Clippers ha mejorado significativamente los dos equipos en los que ha jugado, ha hecho mejores a sus compañeros desde el primer día.

Volviendo a Harden. Su paso por la burbuja no fue el mejor que recordaremos de uno de los mejores penetradores de la liga que muchas veces se limitó a situaciones de uno contra uno donde sacaba petróleo pero no explotaba sus mejores prestaciones. Sin Morey ni D’Antoni, el futuro de los Rockets es complicado de predecir pero apunta a pasar por la salida de Westbrook, un MVP cansado de otro, el mismo que le abrazó al llegar y lloró cuando supo que se iba de Oklahoma porque pensaba que con KD y Russ podría ganar no pocos títulos. Igual sí. O igual habría saltado por los aires.

El contrato de Westbrook, un problema

132 millones en los próximos años tiene asegurado el que fuera MVP en los Thunder y único jugador de la historia en promediar un triple-doble en temporadas consecutivas. Viendo al Westbrook de OKC parecía difícil imaginarle cómodo en los Rockets como finalmente ha sido. Si algo sabemos del 0 es que tiene que sentirse el líder y eso en Houston -y más en un equipo que vivía de lo que él carecía: el tiro exterior- no iba a suceder.

Ahora los Knicks aparecen en el horizonte como una posibilidad y parece un clavo ardiendo de una franquicia que lleva demasiados bandazos en los últimos años pero que, sin duda, darían un golpe de efecto al fichar una estrella de la liga que devolviera algo de aura al Madison Square Garden que los guías de la ciudad de Nueva York ya presentan como «aquí juegan los Knicks que no son gran cosa pero el pabellón es mítico».