Steven Adams: historia de un kiwi en la NBA

Comenzó la temporada 2016-2017 como uno de los pívots -y de los jugadores- más carismáticos de la NBA y hará lo propio dentro de un año siendo, además, uno de los jugadores mejor pagados de la NBA tras firmar un contrato que le une a los Oklahoma City Thunder las próximas cuatro temporadas a cambio de 100 millones de dólares.

Pero, ¿qué hay detrás de la historia del bigote más famoso de la NBA más allá de una familia -muy- numerosa? Historia, mucha historia. Steven Adams nació en Rotorua en 1993 y creció en la misma ciudad, entre lagos, de Nueva Zelanda. Es la zona de origen de los maoríes y, además, una de las más visitadas del país oceánico por tener géiseres lo que, por otro lado, da un peculiar aroma a la ciudad. “Huele como si alguie se hubiera tirado un pedo en tu cara todo el rato”, explicó Adams a la ESPN, “pero te acostumbras”.

Menor de 18 hermanos, Adams se crió y aprendió rápido. Con 17 hermanos mayores, sus padres no podían prestarle al pequeño Steven la atención que requería a lo que él respondía llorando: “Cuando lloraba mi padre venía”, se ríe.

“Huele como si te tiraran un pedo en la cara” dice Adams de su ciudad natal

Sid, el padre de Steven, tuvo hijos con cinco mujeres diferentes pero su hijo pequeño solo le recuerda con graves problemas en las piernas como consecuencia de un accidente de coche que dañó las mismas. Sid falleció a causa de un cáncer de estómago cuando el ahora pívot de los Thunder estaba en edad escolar. Labor que abandonó cuando supo el fallecimiento de su padre para acercarse a algunos miembros de una banda al que no terminó de ingresar.

Viendo a su hermano perdido, uno de los mayores de los Adams, Warren, tuvo la brillante idea de acercar al joven Steven al mundo del baloncesto. Con 14 años, Adams medía 1,95 y provenía de una estirpe de atletas ya que su hermana Valeria fue campeona olímpica en Pekín y Londres y el propio Warren había sido internacional con la selección de Nueva Zelanda.

Kenny McFadden, exjugador de nacionalidad estadounidense que hizo carrera en el país y se quedó tras retirarse sería su primer patrón en el basket. Adams tuvo que hacer un recorrido de seis horas en coche hacia el sur, hacia Wellington donde daría el paso desde la secundaria al High School pero su presentación fue de todo menos buena: llegó con ropa vieja y sin peinar, con un aspecto peculiar. Por si fuera poco, el gigante de Rocorua lleva ropa rasgada y no había visto una corbata en su vida: “Debieron pensar que quién era ese asesino”, dijo Adams a la ESPN al relatar su historia. Por supuesto su actitud fue lo peor. Peor que sus pobres habilidades al leer y escribir.

El dress code del colegio era el típico anglosajón con un jersey rojo y una corbata de rombos, lo opuesto a lo que Adams había llevado desde pequeño. Se presentó el primer día sin llevar siquiera un boli o un folio. McFadden, que fue quien se hizo cargo de los altos costes que conllevaba el salto de la mid school a la high school y encontró un tutor para que el chico no se quedara atrás en lo académico nada más llegar.

Por su parte, se centró en lo suyo que no era otra cosa que el baloncesto. Steve Adams entraba a las 6 de la mañana antes de ir al colegio y sus entrenamientos se doblaban por la tarde después de sus clases.

Adams dice haberse vuelto “adicto” a la sensación de mejorar en el baloncesto. McFadden quería sacar más de él y le prometió un par de zapatillas nuevas si conseguía un mate tras un rebote. Tras más de un año, Adams lo consiguió y lo que menos le importaron fueron las zapatillas: “Me encantaba esa sensación de éxito, de lograr lo que me proponía”.

Un junior de 2,08

Con solo 16 años, Adams demostraba unas habilidades impropias de un neozelandés de su edad…y de su talla. McFadden envió un vídeo con lo mejor de su pupilo y consiguió una invitación para el Adidas Nations que tendría lugar en Los Angeles en el que fue el primer viaje intercontinental del joven Steven.

Mark Bryant, asistente de los Thunder que viajó a Nueva Zelanda varias ocasiones tildó de “milagro” el nivel del pívot en un país con clara tendencia por el rugby antes que por el baloncesto. “Sin le presencia de Kenny, no habría Steven. Le encontró, le enseñó y le hizo ser visto”.

Una vez en California, Adams ni siquiera pudo jugar con jugadores de Oceanía ya que era el único invitado al evento y lo hizo con los latinoamericanos. Adams acabaría jugando un año en Pittsburgh donde fue entrenado por Jamie Dixon que había disputado parte de su carrera profesional en Nueva Zelanda y acogió al 7 pies de buen grado.

Tiene fama de ser inquebrantable algo que quedó patente desde su primer día en Oklahoma a donde llegó tras un único año en la Universidad de Pittsburg. Adams, pick número 12 del draft de 2013, llegó a los Oklahoma City Thunder como ronda del draft a cambio de James Harden que se fue a los Houston Rockets un año atrás.

“Es muy energético y siempre está con los ojos abiertos para seguir aprendiendo” dijo Nick Collison en 2013. “No es fácil de impresionar y creo que es parte importante de su fortaleza, algo así como supérate a ti mismo”.

Su primer entrenamiento con los Thunder fue en 2013, un año después de que la franquicia llegara a las finales de la NBA y como integrante de un roster llamado a colarse en esas finales a corto y medio plazo. Su primer compañero no fue agradable, es más, fue la antítesis de lo agradable y es que como interior que era, le tocó entrenar con Kendrick Perkins. “Soy el único gorila aquí” le espetó el 5 de los Thunder con su duro tono de voz después de darle un codazo en el pecho.

“Has visto que este chaval está aquí para aprender y nada más” le espetó el oceánico a lo que Perk le contestó con su clásica amabilidad: “Creo que no sabes ni quiénes eran tus oponentes cuando llegaste a la NBA. Nadie daba una mierda por ti”, le contestó.

Y tenía razón. Adams nunca pensó en jugar en la NBA cuando era pequeño. Conocía a Peja Stojakovic porque era el mejor jugador de un videojuego que tenía su hermano y a Larry Bird de un póster que ese mismo hermano tenía. Para cuando Adams llegó a la NBA, Larry Bird era ya Presidente de Operaciones de los Indiana Pacers con lo que estaba ya muy retirado. Y lo mismo para Peja Stojakovic.

Durante su año rookie, Adams estuvo en todas. Se llevó un puñetazo de Nate Robinson, Vince Carter le dio un codazo en la cara y Sanders otro en el cuello mientras Jordan Hamilton y Zach Randolph le dieron sendos puñetazos en los riñones y mandíbula algo que dejó k.o. a Z-Bo para el séptimo y definitivo partido de la serie entre Thunder y Grizzlies de esos playoffs.

El año pasado consiguió que Nick Young le tirara un calentador del brazo además de llamarle jugador sucio. Lo curioso era que Adams nunca respondía: “Escuché a mi coach, Steve Brooks, que me dijo que no debía reaccionar por el bien del equipo”.

“Steven nunca reacciona, son los otros los que lo hacen. Casi siempre empieza él pero no responde” se reía Brooks.

La evolución

Adams ha ido creciendo de manera progresiva desde los 3 puntos y 4 rebotes de su año rookie hasta los 10,3 y 9,5 del pasado curso siendo además el 12º mejor jugador en el rating plus/minus defensivo. Estudia vídeos de Marc Gasol y Tim Duncan para mejorar su nivel ofensivo. El 12 de los Thunder ha crecido lentamente gracias a una ética de trabajo que comenzó años atrás cuando se levantaba al amanecer para entrenar antes de ir a clase. Además de un jugador de nivel en la NBA, Adams es evidentemente una estrella en Nueva Zelanda donde su último campus contó con 1,000 niños este verano.