inigo martinez 2016

inigo martinez renovacion

Llevo semanas con el tema de Iñigo Martínez en la cabeza. Me tiene inquieto, muy inquieto. Es mi capitán aunque no lleve el brazalete y jugadores como él los quiero siempre en mi equipo. Si sale un Iñigo Martínez de Zubieta te compensa diez años de medianías -que las hemos tenido a patadas- así que sí, no se le puede dejar ir. Llevamos todo el año pensando en su renovación y ahora afrontamos el tercer impedimento en su renovación: la falta de ambición.

Esa falta de ambición que llevo años denunciando y que Iñigo Martínez, el último internacional absoluto de la Real y el único que puede ir a la Eurocopa del próximo verano- ha notado y citado en las charlas de la renovación según algunos periodistas. Tras la ficha y la cláusula, Iñigo quiere jugar en un equipo ambicioso y eso, claro, no casa con seguir en una Real Sociedad donde la falta de ambición ha sido la tónica en trece de las últimas quince campañas. Y son muchas, sí.

Si Iñigo Martínez me pide un unicornio voy y se lo busco. Si quiere el coche de Doc en Regreso al Futuro se lo hacemos entre todos y así sucesivamente. Porque su carácter ha de marcar el camino de la Real en los años venideros y porque lo que pide es lo que merece. Si tuviera que poner un título pasteloso al tema se llamaría “El precio de la fidelidad”. Porque pide cobrar lo mismo que Illarra, un canterano y campeón de Europa sub21 como él que se fue al Real Madrid y que volvió a la Real -a su casa- cobrando lo mismo que en conjunto blanco. Si Illarra no se hubiera ido nunca habría llegado a cobrar 4 millones en la Real e Iñigo -que ha tenido que tener ofertas y que si se pone en el mercado no nos dura ni medio verano en Zubieta- tiene derecho a cobrar lo mismo. Porque no se fue, jugó la Champions con la Real y aguantó en la montaña rusa de entrenadores e ideas futbolísticas en la que se ha convertido la Real.

Iñigo fue el mejor jugador de la Real la pasada campaña. Tras venirse abajo con Jagoba Arrasate, recuperó su mejor nivel a las órdenes de David Moyes y con el escocés en el banquillo consiguió que Del Bosque dejara de ningunearle y volviera a llamarle para la selección. Casualidad jugó su peor partido en Málaga -lesionado, por cierto- justo antes de esa convocatoria y no ha vuelto mientras tenemos que ver a Bartra y Nacho en la última lista del Marqués.

La Real ya perdió a Bravo
Que el capitán de la nave no tiene que portar la ikurriña en el brazalete es algo que tenemos claro los amantes del fútbol desde hace muchos años. Hay equipos -la Real es un gran ejemplo de ello- donde los capitanes de verdad portan pocas veces el brazalete y es que Kovacevic lo llevó una vez -en Valencia en 2007- y Bravo también pocas. El caso del chileno todavía escuece en Zubieta entre los que añoramos su figura. No tanto como portero -Rulli es mejor de lo que era el portero de La Roja cuando llegó- pero sí como hombre, como bandera o como líder. Bravo lideró la Real desde Segunda División hasta la Champions y es que cuenta la leyenda que puso firme al personal en Gerland mientras todos se dedicaban a inmortalizar el escenario y él ya estaba con un balón en las manos. Bravo era, es y será un líder hasta el día que cuelgue los guantes y la Real no ha sabido sustituirle.

Primero no supo en la portería -el experimento de Zubikarai salió rana- y después en el vestuario. Granero tiene dotes de líder pero no portará nunca el brazalete aunque si de dotes de líder hablamos ahí está Iñigo Martínez. El de Ondarroa debería ser el capitán de la Real a no mucho tardar y que aún no esté entre los tres nombrados para lucirlo es un espejo del realismo. Xabi Prieto, Mikel González y Carlos Vela están por delante del vizcaíno y el mexicano lo está por esa absurda moda de dar el brazalete a las estrellas sin importar cuánto tiempo lleva en el club. Iñigo lleva el mismo tiempo, manda bastante más, y aún no está en la terna. Quizás el año que viene sea demasiado tarde.

El Athletic anda lógicamente por detrás y más de uno se habrá puesto muy contento con alguna declaración de Iñigo. Que si era del Athletic de pequeño -lógico siendo de Ondarroa-, que si el Athletic sale a muerte todos los días y la Real solo en San Mamés…y cosas así.

Líder desde El Molinón

Iñigo Martínez debutó en Primera División en 2011 con Montanier. Subió a hacer la pretemporada con Albistegi, Ros e Iker Hernández y era casi el que menos sonaba de los cuatro. Pero demostró su liderazgo desde el primer día. Iñigo Martínez siempre ha ido un paso por delante y es la antítesis del canterano realista moderado, que no levanta el tono nunca. Sí, Iñigo es un sobrado y alguna vez su temperamento nos ha jugado una mala pasada -en el Camp Nou en el atraco en semis de Copa- pero donde esté un sobrado así que se quitan cincuenta modositos que hagan carrera en Primera sin levantar nunca la voz. Se ha ganado el respeto y la admiración de todos y es hora de que se haga justicia con él, que se le pague lo que merece porque el año que viene, sin Vela, será el mejor jugador de la Real. Y la distancia con el segundo, sideral.