Ricky Rubio era esto

Se dio a conocer a nivel mundial hace 11 años porque jugó una final olímpica contra el Redeem Team cuando los de su edad acabábamos de aprobar la selectividad y ahora, de nuevo en China, ha llegado su momento.

España está en las semifinales del Mundial y lo está porque, como equipo, es uno de los cuatro mejores del mundo sin lugar a dudas. Por talento bruto quizás no estaría entre los cuatro porque pueden haberse quedado fuera algunos mejores pero como equipo, como la familia que son, los de Scariolo se parten la cara los unos por los otros y son una máquina perfectamente engrasada que puede ganarte por ataque -aptitud- o por defensa -actitud-. Y eso, en un equipo de élite, es una maravilla de ver.

Tres años y medio después de aquel partido en Pekín contra Jason Kidd y Chris Paul, Ricky Rubio hacía su debut en la NBA con la camiseta de los Minnesota Timberwolves después de ganar la Euroliga con el FC Barcelona. No recuerdo quién fue el que comenzó a hablar de Rickycesto pero lo cierto es que Rubio tiene una forma especial de verlo todo, también la vida.

Después de ganar a Polonia con otro partidazo coral y especialmente suyo, Ricky volvió a ser el MVP en la sala de prensa. Este verano fue muy viral su charla sobre el éxito en unas jornadas de BBVA y lo cierto es que tras años encorsetado como el niño maravilla del baloncesto español, Ricard Rubio Vives ha dicho basta. «Ya no soy ese chico».

Su primer año en Minnesota no ayudó a que Ricky se liberara. Una franquicia en reconstrucción -no lo ha logrado aún con dos #1 en su equipo-,  se agarraba a él como una segunda espada para que Kevin Love no se pegara contra gigantes en solitario. Con solo 21 años. Ricky brilló pero, una vez más, las expectativas terminaron por ahogarle y por si fuera poco, la vida no ayudó con la enfermedad de su madre. Fue carne de traspaso desde la tercera temporada y finalmente salió de Minnesota hacia un destino -mucho- mejor donde demostró que podía ser el base titular de uno de los mejores equipos del Oeste, los Utah Jazz. Todavía tenía 26 años. 

Porque en Salt Lake City Ricky recuperó la sonrisa. Más allá de unos números y stats que no muestran mucha diferencia, la primera temporada de Ricky en los Jazz nos demostró a un base más directo, más confiado y con mucha más personalidad. Eran malas noticias para los que querían darle por retirado sin llegar a la treintena.

Ha salido de los Jazz este verano después de formar un dúo más que apetecible de ver con Donovan Mitchell en un equipo muy atractivo y cuando parecía tenerlo hecho con otro contender -Indiana Pacers- el efecto mariposa hizo que los propios Jazz ficharan a Bojan Bogdanovic y los Pacers destinaran el dinero del croata a otro fichaje, el de un base que cerrara las puertas a Ricky.

Jugará en los Phoenix Suns los próximos años y vista su madurez, Scariolo poco más o menos ha dicho que su mejor nivel está por llegar, hay muchas ganas de verle en el desierto donde fue leyenda Steve Nash. Porque Ricky no era una asistencia sin mirar o una canasta imposible, era una sonrisa eterna en la pista que por momentos se apagó y hemos recuperado. España sonríe porque Ricky asiste, lidera y, además, ejecuta. Y por encima de todo, sonríe.

Contra Polonia anotó los ocho primeros puntos sin fallo, a Serbia le castigó su soberbia -por flotarle- con dos triples que lanzaron a España en el marcador y no estará lejos del mejor quinteto del Mundial y vaya usted a saber qué más si, por un casual, España se lleva el Mundobasket 13 años después.

Ricky Rubio, con más o menos acierto, era esto y acaba de llegar después de muchos golpes, zancadillas y empujones. Personalmente, no me puedo alegrar más por él. Que siga sonriendo.

PS: En el partido contra Polonia, Ricky superó a Pablo Prigioni como máximo asistente de la historia de los Mundiales. Que siga haciendo historia.