¿Qué hacemos ahora, Melo?

Carmelo Anthony (Nueva York, 1984) sigue siendo un agente libre con equipo en la NBA, un rara avis en la liga. El 7 de los Houston Rockets sabe que no volverá a jugar con el subcampeón del Oeste y mantiene abiertas las vías de las otras 29 franquicias de la liga. El problema, para Melo, es que el resto de franquicias no quieren verle ni en pintura.

Los Knicks ya aprendieron que es mejor que no vuelva al Madison, en Oklahoma todavía escuece ver cómo aceptó su player option este pasado verano* que les obligó a traspasarle a Atlanta y el equipo de Georgia todavía le paga los cheques al bueno de Carmelo así que ahí tampoco va a colar.

Hace más de una semana que sabemos todos que Melo no volverá a lucir el 7 de los Rockets en la espalda y las opciones del de West Baltimore se van cerrando y, según Marca, solo la selección de Puerto Rico quiere contar con los servicios del mejor jugador de la historia del Team USA. O al menos el más laureado.

Dominique Wilkins habló de que el tiempo no perdona a nadie y tiene toda la razón del mundo con Anthony que ya no puede defender a los aleros por su limitado físico y a los cuatros por la falta de centímetros. Bueno, su actividad defensiva tampoco le permitiría defender a los forwards. A nadie.

Más de una voz de exjugadores ha apuntado a estas alturas que Carmelo Anthony debería cortar por lo sano y colgar las botas pero el caso es que, llegado thanksgiving, sería una salida humillante para el jugador, uno de los mejores de una de las mejores generaciones de jóvenes de la historia, recordemos. ¿Hay alguna salida digna para uno de los mejores anotadores de la última década?

Lo cierto es que el tiempo pasa y que no haya salido de Houston todavía indica que las ofertas brillan por su ausencia y en mi cabeza gana más peso la vía China aunque eso, por mucho que promediara 50 puntos por partido, me parece igual de humillante para un talento bruto como el suyo.

Carmelo dio un paso a un lado dejando sus Knicks para irse a los Thunder y pocas voces vieron crítica alguna en esa especie de Big Three con Russell Westbrook y Paul George. Como si Melo estuviera para ser titular primero y para liderar nada después en un equipo ganador. Tampoco le vino bien al bueno de Carmelo el boom que se generó en Oklahoma por su fichaje porque era muy factible que pasara lo que pasó, que no iba a dar el nivel y que, evidentemente, Steven Adams iba a ser más importante que él en el equipo. También lo fue Andre Roberson en un aspecto que a Carmelo ni se le pasaba por la cabeza -la defensa- y eso sí que duele. Porque él era, si visteis algún partido de OKC el año pasado lo sabéis, un agujero en defensa y en ataque.

Ni siquiera un excelso defensor como Roberson y uno de los mejores two-way players como Paul George eran capaces de hacer que lo del 7 no sangrara al verlo. Su cuesta abajo ha sido como una bajada de una pared vertical desde que dejara la Gran Manzana cuando todos creíamos que se iba a beneficiar de salir de los Knicks, de compartir rol de estrella y de muchas más cosas. Todo al revés.

Su último año en los Knicks promedió más de 22 puntos, casi 5 rebotes y 3 asistencias por partido, lo que son unos números que, perfectamente, podría firmar un jugador seleccionado para el All Star Game. El problema era que para él no nos valía porque Wade, LeBron y Bosh siempre fueron un paso por delante en su draft y los tres tienen sus anillos.

Sus guarismos en OKC bajaron en anotación y en asistencias -lógico teniendo dos generadores como Westbrook y PG- pero los porcentajes no cayeron en picado aunque algo cambió en el juego de Melo: ya no iba a la línea. En sus buenos años en Denver y New York, Carmelo llegó a promediar hasta casi nueve viajes a la línea de tiros libres lo que supone una barbaridad y, en su caso, entre 6 y 7 puntos por noche. Casi nada.

En los diez partidos que ha jugado con los Rockets, ha tirado 2,2 libres por noche con un acierto de poco más del 60%. Hace tres años, en cinco minutos más en pista tiraba seis veces más y está en mínimos de la década en tiros desde la larga distancia, un arma que le ha hecho ser una estrella en esta liga a pesar de sus inicios (tres de sus cuatro primeros años en Denver promedió por debajo del 27%).

Y ahora la duda es, ¿qué hacemos contigo, Melo? Los Heat parecían su salida más digna por ser un equipo con potencial de playoffs que recibiría de buen grado una muñeca como la suya pero el interés se ha evaporado y las opciones de llamar a la puerta de LeBron -y que cuele el intento- parecen esfumarse.

Lo único que se puede decir a estas alturas es que qué pena, Melo. Con lo bueno que has sido.

*Si no hubiera aceptado la player option y aceptara un rol de segunda unidad, habría renovado con los Thunder y se habría ahorrado este inicio de temporada (opinión).