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El tapón decisivo de LeBron a Iguodala
El tapón decisivo de LeBron a Iguodala

El tercer anillo de LeBron James fue el que más humanizó al Rey.Tras el show televisivo que acabó con el “I’m gonna take my talent to South Beach”, los haters de LeBron Raymone James se multiplicaron por mil, no sin razón. LeBron abandonó Miami con los mismos anillos que derrotas en las finales en la mochila y conocedor de que el proyecto de sus Heat no era superior en prácticamente nada que cualquier otro del Este, incluyendo el de los Cavs donde un joven llamado Kyrie Irving era ya una realidad. Si al talento del base de origen australiano se le unía LeBron más el efecto llamada del propio James, la ecuación se resolvía sola.

Doce meses atrás LeBron hincó la rodilla tras fajarse prácticamente solo contra los Warriors, el mejor ejemplo de que un equipo compacto es mejor que el talento de una super estrella. Ayer se demostró, una vez más, que hay años luz entre jugarte la vida con Kyrie Irving o con Matthew Dellavedova que, gracietas a un lado, no deja de ser un jugador que no sería una estrella a este lado del charco.

LeBron fue a la guerra con una cucharilla y estuvo a punto de ganarla tras ponerse 2-1. Habría sido la mayor heroicidad del de Akron, ganar el anillo así. Claro que ahora vemos lo que ha hecho Kevin Love en las finales y su baja del año pasado pierde enteros en la lista de significantes. Pero sí la de Kyrie Irving, su Robin particular si LeBron fuera Batman. Ayer, eso sí, Love demostró que sigue siendo un gran jugador aportando a pesar de no anotar, su última defensa a Curry fue tremenda.

James ha cerrado las mejores finales de la historia como el mejor jugador de la misma. Por si no estuviera todo dicho sobre él, pues son palabras mayores. Ha liderado las finales en puntos, rebotes, asistencias y robos y, está claro, cambió el sino de la serie cuando los Cavaliers perdieron el cuarto partido en casa. Su trash talking a Draymond Green que acabó con la flagrante del de los Warriors -ayer estuvo cerca del triple-doble- cambió el escenario. Los Cavs no volverían a perder y LeBron se vestiría de superhéroe, como cada vez que hace frente a una eliminación, partidos en los que promedia más de 30 puntos.

Ayer solo descansó un minuto escaso en el primer cuarto. Acabó el partido con más de 46′ disputados y, eso sí, agotado física y mentalmente. Erró las decisiones clave, fue objeto de una clarísima falta de Iguodala en una jugada que, visto lo visto, habría acabado decidiendo el encuentro ante unos Warriors que no la metían en una piscina pero dejó su highlight con el tercer tapón de la noche. Pareció Superman. Apareció de la nada y le dijo que no a Iguodala en un lance que perdurará en la memoria de todos los que estábamos al otro lado de la televisión. Al final decidió Kyrie, más fresco. Pero las finales son la culminación de un hecho: LeBron es un superhéroe.