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Vela Mascherano

Con un cuarto de siglo, lo más destacado que he visto de la Real Sociedad, de mi equipo, fue el título de liga que se nos escapó en Vigo el día de mi 13 cumpleaños. Eso y una final de Copa que se quedó tan cerca y tan lejos a la vez. Ahí estaba el ladrón de sueños.

El primer recuerdo de González González con la Real Sociedad se remonta a la temporada 2009-10 a un duelo regional con el Eibar en Anoeta y a un balón en largo que Díaz de Cerio y Zigor disputaron fuera del área. El delantero donostiarra tocó el balón y Zigor le rompió la pierna ante el grito mudo de todos los allí presentes. El trencilla no señaló ni falta. Eso sí, luego suspendió el partido cuando un loco lanzó una botella a Lillo, entrenador de la Real Sociedad. Y se fue a la carrera sin pitar el final del choque.

Con ese nivel de arbitraje llegó a Primera. No nos lo podíamos creer y cumplió el segundo capítulo de su historia de desamor con la Real Sociedad en 2014. Jugamos las semifinales de Copa por primera vez desde 1988, es decir, por primera vez en mi vida. Horas esperando el partido, nervios, ansiedad y rodó el balón. No gustó el once y Zubikarai se erigió en el héroe inesperado. Busquets se cagó en la madre del trencilla en su cara. Literalmente además. No sucedió nada. Minutos después Mascherano derribó a Vela en el área, era penalti y segunda amarilla además de roja directa. Ni una ni otra. Cuando el propio Busquets -que debía estar expulsado- adelantó a los de Martino, Iñigo Martínez insultó al árbitro. A él sí le escuchó y le expulsó claro, faltaría más. El partido acabó con el elustondazo de mi vida y he de reconocer que me costó dormir aquella noche. Llegué a ese punto de tragarme el tarot de Mediaset pero ellos tampoco tenían las respuesta que buscaba, ¿por qué? Y ahí se acabó la relación con el ladrón de sueños. Hasta ayer.

Comentaba Mikel Recalde, periodista de Noticias de Gipuzkoa, el 17 de diciembre que con el nombramiento de González González la Real Sociedad ya estaba perdiendo en el Bernabéu. Y no pudo estar más acertado. El atraco de ayer en el Bernabéu no tiene semejantes en la historia reciente. No recuerdo un escándalo parecido en toda mi vida.

Vas a Chamartín y no te pitan un penalti a favor. Normal. Te pitan uno en contra que no es. Típico aunque sumando todo es más complicado. No contento con eso, te pitan un segundo penalti en contra -que tampoco es- cuando un jugador tuyo se acaba de romper el cruzado sin que el colegiado se digne a parar el juego a pesar de las evidentes muestras de dolor de Canales. Ya es más raro.

Segunda parte y con 1-1, penalti no pitado a tu favor. Ya es el segundo y te indignas. Luego llega la naranja oscura -en Anoeta y con los actores vistiendo las camisetas opuestas habría sido roja directa no cabe duda- y completamos el show. Lo de ayer de González Bis es para poner el grito en el cielo como hizo Jokin Aperribay. Luego dijo que no se sentía robado. Pues yo sí, Jokin. Ese señor me ha robado el partido del Bernabéu y me robó media final de Copa del Rey, la primera en casi tres décadas. Siempre es él.

Basta ya.