La Real Sociedad e Illarra se necesitan

Iñigo e Illarramendi
Iñigo e Illarramendi

Asier Illarramendi salió de la Real Sociedad en 2013 dejando en shock a gran parte de la afición txuri urdin. En año de Champions se podían esperar las ofertas por Griezmann o Vela -incluso se podía esperar su salida- pero la del nuevo Mikel Aranburu nunca se vio venir. Y llegó.

Dos años después, el hueco del 8 de Mutriku no lo ha cubierto nadie en Anoeta. Ni Granero -su supuesto sustituto-, ni Markel Bergara cuyo fútbol es de corte más defensivo ni tampoco Rubén Pardo al que Moyes ha dado confianza este año. El caso del riojano es diferente, ha respondido a las expectativas pero no es un jugador para jugar de Illarra, es un jugador para jugar con Illarramendi a su lado como demostró, en los pocos minutos que le dio Montanier, al lado del de Mutriku.

Pardo es un jugador para jugar con Illarra y no por Illarra

Por la lesión primero y porque, probablemente, no es un Illarra, Granero  tampoco ha terminado de consolidarse como el Illarra que la Real necesitaba. Del de Pozuelo gustan muchas cosas pero decir que ha rendido como se espera de él es poco menos que osado.

Llegados a este punto, está claro que la Real Sociedad necesita a Illarra para cubrir el hueco que él mismo dejó. Pero también es evidente que Illarra necesita a la Real. El de Mutriku es consciente, ha de serlo, de que su carrera y su progresión se han frenado en seco en su estancia en el Bernabéu. Parecía que convivir con Xabi Alonso le iba a dar ese plus que necesitaba para ser el sustituto del tolosarra pero su sorprendente marcha han dejado a Illarra su maestro y al Real Madrid sin sustituto, claro.

La marcha de Xabi Alonso del Real Madrid dejó a Illarra sin maestro y al equipo sin sustituto para el tolosarra

Con 25 años cumplidos el pasado mes de marzo, Illarramendi necesita urgentemente jugar por lo que cualquier salida del Real Madrid debería ser vista con buenos ojos. Dijo que no al Athletic como Urrutia se encargó de dejar claro, lo que le abría algunas puertas que en San Sebastián juraron que nunca le abrirían y este verano, se puede decir que tanto Illarra como la Real se necesitan. Un jugador de su talento podría triunfar en cualquier sitio pero no uno de su carácter.

Asier Illarramendi es natural de Mutriku, pueblo en el que residía y desde donde se desplazaba todos los días en coche -con Iñigo Martínez- para entrenar en Zubieta. Y necesita volver a la Real para volver a sentirse futbolista. Se fue demasiado pronto. Y se fue el menos indicado para hacerlo. Tímido fuera del campo, Illarramendi era un jugador 100% guipuzcoano, con un marcado carácter regional que le hacían el perfecto sucesor de Mikel Aranburu o Xabi Prieto, las estrellas que él ha visto jugar siempre de txuri urdin.

Tardó en llegar al primer equipo y su primer año estuvo marcado por las lesiones que le privaron hasta de ir a los Juegos de Londres donde España se pegó un golpe importante. De morros, vamos. Un año más tarde, Illarra era el káiser de una sub-21 que enamoró en Israel. Era el mismo Illarra con solo un año de crecimiento en el destino ideal, el que debería buscar ahora.

Ayer Aperribay negó la existencia de ningún contacto con el Real Madrid para tratar su fichaje. Es normal que, a pesar de existir los contactos, los negara pero en este caso no pareció un farol, parece cierto que el presidente de la Real no ha descolgado el teléfono para tratar el regreso del hijo pródigo.

El diario Marca lleva en portada hoy a los suplentes del Real Madrid que están dejando contento a Benítez y ni siquiera se acuerdan del guipuzcoano que tiene difícil sentarse en el banquillo este año tras dos años siendo más suplente que titular. El de Mutriku podría verse abocado a una salida que debería devolverle a casa para hacerle sentirse futbolista de nuevo.

Illarra nunca fue un futbolista de 30 millones de euros. No por talento -le sobra- sino por carácter y porque el tipo de jugador que es no vende camiseta pero otorga una estabilidad que le hace fundamental. En la Real Sociedad destacaban más para mucho los goles de Vela o Griezmann pero el ancla y el arquitecto -porque puede ser ambas cosas- era el rubio que lucía el 8.