Jimmy, perdónanos

Reconozco que cuando Jimmy Butler llegó a los Miami Heat entendí poco el traspaso. Por todos es sabido que el de Marquette quería ser la cabeza visible de un proyecto después de su experiencia en Philadelphia donde su peculiar forma de ser chocó con los vicios adquiridos de Ben Simmons y Joel Embiid. Pensaba que no podría liderar a un equipo hasta la etiqueta de contender. Me equivocaba.

El primer partido que vi de los Heat esta temporada fue una borrachera de anotación ante Houston en la que masacraron a los Rockets con sus armas: run&run&gun. No podía dejar de mirar y admirar cómo molaban esos Heat donde Tyler Herro tenía un aura que me recordaba a un joven Curry y donde aparecía un Duncan Robinson que pasó tan de puntillas por la NBA el año pasado que me costó quitarle el cartel de rookie por eso de no conocerle y asumir que tenía que ser nuevo. No lo era.

De él dijo Andre Iguodala que era el mejor tirador con el que jamás había ganado y parece más una falta de respeto que un piropo a su compañero. Por muy buen tirador que sea -que lo es-, Iguodala llegó a los Heat después de cinco años y tres anillos en los Warriors de Stephen Curry y Klay Thompson así que además de perder todo el respeto que servidor le tenía por negarse a jugar en los Grizzlies a pesar de que el equipo del FedEx le pagaba -y muy bien- y de que tenían un buen proyecto, a Iggy solo le faltaba soltar ese recadito.

Jae Crowder y Andre Iguodala llegaron en febrero desde Memphis

También dijo que cuando llegó pensaba que Robinson era un asistente o un chaval que estaba por allí. No habla bien de Iguodala no conocer a alguien que jugó 15 partidos -1 de titular- con los Miami Heat el año pasado pero él sabrá, claro.

Volvemos a ese 129-100 ante los Rockets. Sucedió en la sexta noche de NBA de la temporada hace ya casi un año. Tirando de League Pass vi el partido para ver cómo pintaban los Heat con Butler e intentar ver qué tenía entre manos Spoelstra, uno de los entrenadores de los últimos 20 años en la liga. Con LeBron…y sin él.

Adebayo ya molaba mucho, Dragic siempre fue un jugador infravalorado y tenían a Herro además de Butler así que había que verles. La sensación fue una absoluta locura con 46 puntos ya en el primer cuarto y un meneo espectacular que los números (14-46 en los primeros 12′) no alcanzaban a explicar.

Tenían algo los Heat que les hacía un equipo a seguir porque en aquel lejano inicio liguero había aparecido también un rookie de 25 años que brillaba con intensidad. Era Kendrick Nunn, jugaba de base y en la burbuja casi no ha aparecido a pesar de ser finalista del Rookie of The Year por delante de muchos nombres que pegaron fuerte antes del draft y quedaron en nada en cuanto empezó la temporada.

Solo Magic Johnson anotó más puntos que Herro en un partido de PO con 20 años o menos

El 25 de los Heat promedió 15 puntos por partido en su primera temporada en la NBA y Miami demostró tener muchas cosas que les hacían ser un equipo a seguir aunque, claro, el trono del Este parecía lejano. Un equipo que tiraba muy bien, que corría mucho y divertía más pero había que ver cómo competía después cuando las cosas se pusieran feas y serias en postemporada. Por el camino adquirieron a Andre Iguodala y Jae Crowder en un trade en el que también estaba Solomon Hill -el cuarto jugador más caro de la franquicia a pesar de su rol secundario-.

Y apareció Jimmy. Siempre Jimmy.

El 22 de los Heat es capitán general en muchas batallas y ha contagiado el gen competitivo a un equipo que podía pecar en algunos momentos de inexperto. Barrieron a Indiana sin darle muchas posibilidades y después se cargaron a los Bucks en una segunda ronda en la que solo perdieron un partido en una prórroga que fue una moneda al aire. Con el orgullo verde, más de lo mismo.

Miami vuelve a unas Finales de la NBA por primera vez desde 2014, aquella serie de los calambres de LeBron James que fue el principio del fin para ellos y supuso la salida de quien será, cosas de la vida, su rival en la serie por el anillo. Pueden sumar su cuarto anillo desde 2006 con tres equipos muy diferentes y en la última década, con un nombre que algunos osaban señalar cuando con LeBron no empezaron bien las cosas.

Porque Jimmy Butler ha ganado mucho este año en partidos, carisma y respeto -si le faltaba de esto- pero Coach Spo ha inscrito su nombre en el Hall of Fame de la NBA y solo le quedará esperar a que sea oficial. La reconstrucción de los Heat post LeBron es una historia digna de ser contada -y lo será-.

No quisieron ser la viuda de América y le dieron a Bosh los millones y galones que merecía hasta que sus problemas físicos le retiraron. Tampoco entonces tankearon y aquí están, de vuelta en unas finales. Atípicas, sí, pero Finales de la NBA. Y a ver quién les para ahora. «Podemos ganar cuatro más» dijo ayer Jimmy Butler al eliminar a los Celtics.

Bien sabe LeBron que hay pocos jugadores que le hayan defendido muy bien estos años. Dos están en los Heat y se las verá contra ellos en las finales: Butler e Iguodala.