Game Over, Morey

Game Over, Morey

Los Houston Rockets se fueron de vacaciones después de plantear -poca- batalla a Los Angeles Lakers en las semifinales del Oeste a las que accedieron sudando sangre en el Game 7 ante los Thunder a los que arrebataron a Westbrook a cambio del sobrante Paul.

Cuesta recordar unos malos Rockets en los últimos 15-20 años para los más jóvenes pero podríamos estar ante la opción definitiva de tankeo de una franquicia que ha tocado techo y va cuesta abajo. Y sin frenos. Se apostó todo al small ball, a los triples y el tiro salió por la culata porque jugársela a los triples con dos de los bases que mejor penetran de la NBA -Harden y Westbrook- tenía poco sentido. Y a eso hay que añadirle el IQ de Russ, claro.

 

Siempre agradeceremos a los Rockets el ímpetu que pusieron en derrotar a los temibles Warriors mientras los grandes mercados -Los Ángeles por ejemplo- optaron por el medio plazo ante los imbatibles chicos de Steve Kerr a los que solo lastraron las lesiones. Es un what if mayúsculo pero poca gente diría que los Raptors lucirían ahora sus anillos si las lesiones no hubieran machado a los de la Bahía. Primero la ausencia de Durant, después su gravísima lesión nada más volver y para completar el pack de unos Warriors envejecidos -Iguodala o Livingston especialmente- llegó la de Klay Thompson. Es casi una heroicidad que tuvieran tiro para para ganar el sexto y forzar el séptimo con el bajón anímico que debieron suponer tantos golpes, tantos qué más nos puede pasar.

Pues eso debieron pensar los Rockets cuando tuvieron a tiro la eliminación de los Golden State Warriors hace ahora dos años. El 24 de mayo de 2018, Houston ganó el segundo partido apretado consecutivo a los campeones de la Bahía y les ponía entre la espada y la pared. Houston se ponía 3-2 por haber sabido jugar el final de dos choques que se decidieron por poco, GSW jugó sin cabeza y CP3 les puso donde quería. Quedaban dos partidos en la Costa Oeste pero los Warriors tenían dos win or go home. Y ganaron.

La lesión de Chris Paul fue entonces el pero que ponían los Rockets, la venda encima de la herida porque sin el guard estaban huérfanos y tenían mucha razón. Pocos esperábamos un rendimiento tan bueno del dúo que formó CP3 con un Harden acostumbrado a amasar la bola pero el paquete resultó maravilloso para ellos. A esos dos había que sumar a Eric Gordon o Trevor Ariza y Clint Capela. Casi nada. Houston anotó solo 38 puntos en la segunda mitad del Game 7, tuvo una racha terrible desde el perímetro y se fue a casa con solo 7 anotados de más de 40 intentados. Terrible.

¿El señalado? James Harden. Dos años seguidos cayendo ante los Warriors podrían ser normales y caer ante LeBron James y Anthony Davis en este curso no es algo que debiera ser un fracaso. El problema para él es que viene señalado de antes, de cuando unos Spurs sin Kawhi les pintaron la cara (+39) en su pabellón en un partido de win or go home. Encima, para más inri, Harden no se fue a casa porque fue cazado esa misma noche de fiesta. Más madera.

Subieron la apuesta los Rockets el pasado verano cuando Harden dijo que no quería jugar con Paul y le dieron todo lo habido y por haber a los Thunder. Pusieron el cartel de prescindible a CP3 y lo mandaron a OKC como compensación por quitarles a su estrella. O eso pensaban ellos.

La historia es muy diferente porque OKC quedó solo un puesto por detrás en la Regular Season y llevó al Game 7 una serie que empezó 2-0 y que, objetivamente, OKC jugó mejor. Con más cabeza. El 2-2 lo pusieron un día que Houston metió 8 triples seguidos en el tercer cuarto para acabar metiendo solo 3 de los siguientes 25. Harden penetraba y buscaba la entrada pero siempre la doblaba para el tirador y cuando el triple no es una opción y sí la opción, las cosas suelen acabar así.

CP3 lideró a los Thunder, el mejor equipo de la NBA en los últimos minutos de los partidos apretados y también el mejor de los cuartos cuartos y se quedaron a un tapón de Harden a Dort de echarles de la postemporada. Juntar a Harden y Westbrook parecía buena idea en 2019 cuando muchos pensábamos que ellos dos con Ibaka y Durant en OKC más años habrían sido una dinastía imparable pero parece que un año después hemos borrado anillos imaginarios de aquellos Thunder porque a lo mal que han casado en Houston los dos compañeros hay que sumarle lo especial -por decirlo de forma educada- que es Kevin Durant y el mix podía haber explotado.

Que sí, Harden lloró el día que supo que se iba porque podían hacer grandes cosas pero es complicado imaginar dónde estarían los Thunder ahora mismo si hubiera llegado el nuevo convenio -y el consiguiente incremento de salarios- antes.

Mike D’Antoni abandona el barco señalado como lo hizo hace ya bastantes años cuando salió de New York. Es el mejor entrenador posible para los Rockets del run&gun pero hace tiempo que perdieron el norte y deben empezar de cero. ¿El problema? Dos contratos máximos en un roster donde el moneyball de Morey hace aguas. No quiso renovar a Ariza -campeón de la NBA en los Lakers de Bryant y Gasol siendo un hombre importante- y ahora vienen los problemas. Traspasó a Capela en una transacción rara y difícil de entender y el próximo mercado podemos presenciar el inicio de una nueva era en los Rockets.

¿Puede liderar Harden a un proyecto que, de verdad, aspire a anillo de campeón de la NBA? La pregunta está en el aire porque no todo es meter 35 puntos por partido hasta abril, lo importante es aparecer después y al 13 se le metió en la cabeza Dort en la serie con OKC y fue incapaz de salir de ahí. Más allá de sus -malos- números, en Houston preocupan sus sensaciones, esa apatía que le hace pasear por el parquet como si pensara más en los MVP que debería tener que en los que todavía puede ganar.

La dupla de OKC no funcionó en Houston en su primer año