Para ti, mama

Ricky Rubio se sincera en The Players’ Tribune y habla abiertamente de cómo se sintió tras el fallecimiento de su madre y de cómo cambió su vida tras perder a su progenitora un año después de la muerte de Flip Saunders, su técnico en Minnesota.

«En 2015 me mudé a un nuevo apartamento en el downtown de Minneapolis», comienza un relato que habla de las vacaciones estivales que vivió con su familia cuando todavía era jugador de los Wolves. A su padre, explica Ricky, le encanta contar historias sobre la juventud de su hijo y el base cuenta cómo empezó en el baloncesto: »

«Tenía 10 años y mi madre me hizo elegir -entre fútbol y baloncesto-. Elegí el fútbol. Era el deporte más popular y era mejor aunque el favorito de mi padre era el baloncesto -era el entrenador del equipo femenino de El Masnou así que el basket era su deporte. Sabía que le estaba decepcionando un poco pero a las pocas semanas no terminé de encajar con el fútbol y echaba de menos el baloncesto.

Así que fui a hablar con mi madre. Le dije que había cometido un gran error y que quería volver al baloncesto a lo que ella me dijo que no iba a ser fácil -habían pagado por el fútbol-. ‘No puedes cambiar en mitad de la temporada’, me dijo».

Su padre trabajaba en el equipo de baloncesto y aunque le pusieron condiciones, pudo lograr que Ricky comenzara a jugar a baloncesto y dejara el fútbol para otros.

«Mi madre y mi padre, mi familia. Ese es mi equipo, siempre lo ha sido y les quiero por ello».

«Quince años después de elegir el baloncesto en detrimento del fútbol, estaba allí llevándoles en Minnesota. Destino, la Clínica Mayo en Rochester.

Esperamos en una sala pequeño. No era una situación nueva para nosotros, tres años antes le diagnosticaron cáncer. Empezó en sus pulmones en 2012 pero fuimos positivos. Sabía que podía hacerlo. Era mi madre, ¿sabéis? Es mi súper heroína, le vi educar una familia, trabajar duro y aún y todo tener tiempo después para llevar a su hijo a fútbol y baloncesto.

Y había ganado al cáncer. Como solía decir mi padre: «Todos le ganamos, como una familia»:

«Ahora estábamos de vuelta en un hospital. Vino el doctor y antes de que dijera nada lo sabíamos. Lo podías ver en su cara. Hemos ido a tantos test, tantas salas así, tantas reuniones que en ese momento lo podías ver en sus ojos. La misma imagen que el doctor en Barcelona en 2012 cuando se lo diagnosticaron por primera vez. El médico dijo que el cáncer había vuelto y estaba expandiéndose rápido.

Era malo. Apreté su mano y los tres nos abrazamos. De camino a casa, mi padre no contó ninguna historia.

Ese día aprendí algo de mi apartamento: las paredes eran finas. Les escuché llorar durante toda la noche. No durmieron y yo tampoco. Solo quería hacer que mi madre se sintiera mejor y no podía, me encontraba perdido.

Al día siguiente no quería saber nada del baloncesto, mi vida había cambiado para siempre. Esa era mi madre.

Empecé a odiar ese apartamento.


Cuatro años antes tenía un apartamento en Los Angeles durante el lockout. Mi agente me dijo que fuera a un partido de exhibición de algunos jugadores y allí conocí a Kevin Garnett.

Después de uno de esos partidos me acuerdo que vino a dónde mi.

‘Ricky, chico, ¿he oído que vas a Minny?

Le saludé con la cabeza, creía que sabría que me inglés no era muy bueno todavía, estaba siendo my callado.

«Chico, déjame que te cuente. Esto es LA, está muy bien, ¿verdad? Pero créeme. Vas a Minny, ¿si le das a esa gente todo lo que tienes? Créeme. Te van a dar todo de vuelta. Cree. Cree.

No podía creer que KG -campeón NBA, the Big Ticket- me estaba hablando y sabía mi historia.

(…)

Sabía que Minny había ganado solo 15 y 17 partidos en las dos temporadas anteriores a ir y que eso no era bueno pero para mí era un inicio nuevo en otro país, otra liga. Recuerdo la opening night de la 11-12…simplemente increíble. Mis padres estaban en el Target Center y yo empecé en el banquillo. Recuerdo a la gente gritando mi nombre.

Les encontré en la grada. Mi madre, recuerdo su cara, tenía la mayor y las más orgullosa de las sonrisas.

Mi familia. Ese es mi equipo. 

Mediada mi temporada rookie me rompí el cruzado. Fue cuando a mi madre le diagnosticaron cáncer por primera vez. Esos dos años hubo momentos muy duros y fallé en concentrarme para el baloncesto por lo que estaba pasando en España.

No todo el mundo sabía por lo que estaba pasando pero los que lo supieron dejaron una marca en mi familia. La gente de Minnesota era maravillosa y me apoyaba mucho. Los fans, el staff, mis compañeros -todos hicieron lo mejor para ayudarme con la situación de mamá-. Se preocuparon. Lo recordaré siempre. Uno de ellos fue Flip Saunders.

Volvió a Minnesota en 2014 y le conocí a él y a su hijos, Ryan. Representan lo mejor de la gente de Minnesota. En 2015 cuando draftearon a Karl-Anthony Towns, Flip me llamó porque quería que trabajara con él en verano.

Volví de vacaciones y empecé a trabajar con KAT directamente. El primer día, Flip apareció un poco más tarde. Mientras estábamos entrenando vi a Flip cerca con un sombrero muy calado…y muy delgado. Realmente delgado. Fui a decirle hola y que me alegraba de verle y después me llevó a su oficina.

Tenía linfoma de Hodgkins. Estaría con quimioterapias ese verano.

Le dije que se le veía bien. Lo creía pero no sabía si estaba diciendo la verdad, se le veía pálido y delgado.

Hablamos de aquello un rato, me habló de la Clínica Mayo, de su quimio y así es como acabé recomendándoselo a mi madre. Flip me preguntó por ella y por cómo lo estaba llevando, nunca quiso desviar el tema hacia su enfermedad y por unos minutos, nos olvidamos de ella. Así era Flip.

Tres días antes de empezar la temporada, estábamos en LA para jugar contra los Lakers y nos llamaron a una reunión del staff: Flip había fallecido.

No dejé de pensar en mamá. Estaba bien pero tampoco me pareció que Flip estuviera tan mal como estaba cuando le vi. Llamé a mi padre y le exigí la verdad sobre el estado de mi madre. Era la temporada 15/16 y le dije que volaría a casa si era necesario. Esa temporada fue un infierno.

Llamaba a mi padre todos los días para saber cómo estaba. A veces no me colgaba porque tenía que ayudar a mamá y yo pensaba qué hacía ahí -en los States- porque tenía que estar con ella.

En el parón del All Star fui a casa. Eran cuatro días y un vuelo de 17 horas pero tenía que hacerlo. Sé que Flip lo habría entendido. Estuve con ella y le agarré la mano tanto como pude pero tuve que volver. Hice lo que pude en la cancha pero el día siguiente al último partido volé a casa. Dos semanas después, mamá falleció.

Cuando alguien a quien amas fallece es como una cuerda que te ahoga, así era para mí. Me sentía sin saber a dónde ir. Cada año cuando volvía a Minnesota para el training camp, empezaba el día de la misma manera: FaceTime con mi madre. La primera temporada después me levantaba pensando en llamarle y eso me hacía querer romper mi teléfono. No pude borrar su teléfono incluso le mandaba mensajes a veces. Todavía lo hago. Durante un tiempo sentí que estaba perdiendo la cabeza, como si hablara conmigo mismo.

Ese año estuve casi todo el tiempo enfadado. Culpaba a muchas cosas. Culpaba al baloncesto, a la gente de mi alrededor por cómo me sentía. Culpaba a todos y todo.

Caí en una depresión.

Empecé a ver el baloncesto de otro manera. Vi la vida de una manera diferente. Nada parecía tan serio como solía serlo. Solo estamos jugando a un juego, a veces estaba bien salir y jugar porque no pensaba en nada más.

Me apoyé en mis amigos también. Y mi padre mi hermano y mi hermana. Trajeron de vuelta a quien realmente soy: el niño de mamá.

Recordé lo que le dije una vez que volvíamos de la Clínica Mayo. Mi madre se pasó su vida intentando hacer felices al resto. Recuerdo que cuando venían amigos a casa me preguntaba cuál era su plato preferido para ponerlo de cena. Ella era así.

Así que una vez de vuelta de Rochester le dije que haríamos lo que pudiéramos para ayudar a gente que pasara por situaciones similares. Se lo prometí.


En 2017 alquilé una casa en Salt Lake City. Me había movido con un grupo de amigos porque unas semanas antes había sido traspasado de Minnesota de Utah Jazz.

Todo pasa por algo.

Adoro Minny. Todavía lo hago. Ese sitio y esa gente siempre estarán en mi corazón. Lo creo de verdad. Creer. Como dijo KG.

La oportunidad en Utah era para otro inicio de cero. Mi primer año allí coincidió con el primer año en el que los equipos podían llevar publicidad en las camisetas. Los Jazz tenían un parche de 5 FOR THE FIGHT. Aprendí que era caridad para la lucha contra el cáncer.

Todo pasa por algo.

Conocí a Ryan Smith, el CEO de Qualtrics, la compañía que puso el logo en la camiseta y le pregunté por diferentes fundaciones y qué hacer para crear la mía. Fue solo el inicio. Aquel año, papa y yo visitamos diferentes hospitales en Utah incluyendo el Huntsman Cancer Institute. Conocimos a muchos niños, vimos muchas sonrisas y creo que hizo más por nosotros que por los niños.

Cuando volvimos a casa, papa dijo lo que pensábamos los dos: «Mamá estaba ahí con nosotros. Estará orgullosa».

Un año más tarde fundé mi fundación, la Ricky Rubio Foundation en honor a mi madre.

Ya no tengo 21 años como cuando fui a Minnesota por primera vez. por aquel entonces, con mi madre viva, hice una lista de cosas que quería lograra como jugador. Una de ellas era usar mi influencia para ayudar a gente que lo necesite. Así que pude borrarlo de la lista aunque todavía tengo cosas sin borrar.

Una de ellas era ganar un título de la NBA.

Todavía estoy en ello. Estoy en Phoenix. Otra ciudad, otro apartamento, nuevo reto. Tenemos un equipo joven con mucho potencial.

Otra era «ganar el Mundial con la familia».

Este verano lo hice. Crecí admirando a los jugadores de la selección y se parte de ese éxito es muy especial. Me nombraron MVP y tener a Kobe dándome el galardón 11 años después de los Juegos de 2008 fue como cerrar un círculo.

El baloncesto es muy importante pero sé que puedo tener un impacto en el mundo de otra manera.

Todos los días quiero que se sienta orgullosa.

Se lo merece

Somos un equipo.