El Juego de Tronos de Popovich

El Juego de Tronos de Popovich

Gregg Popovich llegó a la NBA de rebote cuando muchos de los fervientes seguidores de la liga actual no habían casi ni nacido y cuando un servidor jugaba al PC Basket 4.0 y poco más. El genio de East Chicago (Indiana) asumió el cargo de Head Coach de la NBA el año que yo vi Space Jam y cuando conocía a los que salían en la peli, a Kobe Bryant, Shaquille O’Neal…y poco más.

23 años después ahí sigue. Se le han retirado un Hall of Fame como Ginobili y el mejor jugador de la historia de la franquicia, Tim Duncan, además de irse otro HOFTony Parker– y de reclamar el traspaso tras un año en blanco el mejor jugador del equipo, Kawhi Leonard. El verano pareció significar el fin de una era en El Álamo con la marcha de Kawhi y de Danny Green, el soldado favorito de Pops y un hombre que se hizo a sí mismo después de rogarle una oportunidad al contestador del técnico.

Ha perdido a tres Hall of Famers incluyendo al mejor jugador de la historia de su franquicia, su Franchise Player del año pasado pidió el traspaso…y ahí siguen los Spurs

Para hablar de los Spurs de 2018 solo se me ocurren citas de Juego de Tronos. Game of Zones, la animación de Bleacher Report, les caracterizó como los caminantes blancos hace un par de temporadas y no podían estar más de acuerdo. Lo que está muerto no puede morir. Y mientras siga Popovich, los Spurs tampoco morirán.

Entrados en 2019, los Spurs han ganado con Popovich en el banquillo un 68% de los partidos de Regular Season y más del 60% en los playoffs que han significado cinco anillos en seis finales. Casi nada. Recordaréis bien la que perdieron: tuvo que haber un milagro para evitar el título en el Game 6 de 2013.

Esta semana San Antonio ha logrado su mayor anotación desde 1990, desde antes de que Popovich tomara las riendas del equipo en un partido con dos prórrogas sí, pero en el que se fueron hasta los 156 para ganar a los Thunder, uno de los mejores equipos del Oeste y, sobre el papel, mejores que los propios Spurs. LaMarcus, de quien se ha escrito mucho sobre su falta de adaptación al estilo de San Antonio desde su llegada se fue hasta los 56 puntos sin anotar un solo triple y sigue promediando unos números propios de uno de los mejores forwards de la NBA.

Cuando comenzó la temporada solo había una posibilidad de que los Spurs volvieran a la zona noble del Oeste: volver a los orígenes y repetir en la élite defensiva de la liga. Poco antes de comenzar la temporada recibieron el mazazo de la lesión de gravedad de Dejounte Murray, el hombre llamado a llevar las riendas desde la posición de base.

El proyecto no podía pintar peor. Se habían ido Kawhi y Green, LaMarcus tenía 33 años, Gasol casi 40, DeRozan tenía que demostrar muchas cosas fuera de Canadá y, encima, asolaban las lesiones. Llegaron a tener balance negativo en un tramo de temporada en el que nunca antes lo habían hecho pero entonces despertaron y volvieron los white walkers. San Antonio suma 25 victorias en 43 jornadas con un balance casi idéntico al de los Rockets, el equipo que lidera su división suroeste. Están por delante de New Orleans, de los Mavericks de Nowitzki y de los sorprendentes Memphis Grizzlies de Marc Gasol que, ahora sí, están donde muchos pronosticaron.

Y están ahí los Spurs con el 11º mejor ataque, la 11ª mejor defensa y siendo el equipo número 11 en el ranking de asistencias. Ni rastro de la defensa de élite que esperábamos para que los Spurs pudieran optar a todo. Una nueva vuelta de tuercas que hace aún más grande -si eso fuera posible- a Popovich, el técnico que dirigirá a los Estados Unidos en el Mundial de China de este año.

Muchos le piden -junto a su pupilo Kerr- para la Casa Blanca en 2020 y no hay duda de que si se presentara también ganaría. Y todo ello, sin una sonrisa.

Ya sabes, lo que está muerto no puede morir.