El anillo que el baloncesto le debe a San Antonio

Duncan y Parker | Foto NYPost
Duncan y Parker | Foto NYPost

Lo han vuelto a hacer, los San Antonio Spurs se han vuelto a meter en las finales de la NBA. Por primera vez desde que alzaran su primer título en 1999 lo hacen, además, de forma consecutiva tras la recordada final del año pasado (4-3 frente a los Heat).

De nuevo frente a la franquicia de Florida aunque ésta vez con factor cancha favorable y con un formato 2-2-1-1-1 más favorable al que tiene esa ventaja, los de Popovych son el rival a batir. Es cierto que Miami tiene a Wade, James y Bosh y que llegan tras dos anillos e intentando el three peat pero el mejor equipo de la Liga Regular, un equipo que solo ha perdido 26 partidos este año después de haber disputado 100 con el de anoche, se merece ese halo de favoritismo.

Lo merece, también, porque Duncan, Ginobili y Parker visten de negro y plata. Ellos lo valen.

Los Heat tienen a los mejores amigos pero su evolución invita a pensar que solo con lo que ellos aportan no les dará para imponerse a la máquina más perfecta que se recuerda en mucho tiempo. El año pasado los Battier, Allen, Mike Miller o Chalmers fueron importantes en la consecución del anillo y los demás Heat, los que no son el big three, han bajado mucho sus prestaciones este año por lo que dependerán en gran medida de Wade, LeBron y Bosh. Que tampoco se espera que fallen, por cierto.

Pero es que San Antonio es un equipo perfecto. Por dentro te destroza Tim ‘Siglo XXI’ Duncan y te intimida Splitter, por fuera Danny Green ha vuelto a su mejor nivel, Belinelli es un tirador experto y Ginobili tiene un instinto asesino que ha aflorado este año más tras el mal curso pasado. Si quieren romperte con penetraciones tienen dos maestros como Ginobili -zurdo- y Tony Parker. El hecho de que Manudona sea zurdo lo hace aún más complicado de defender entre los jugadores diestros.

Además, Parker tiene su tiro de cinco metros, Bonner su catapulta infernal y Diaw…Diaw hace lo que le pidas y lo hace bien. Consiguió 26 puntos en el sexto partido contra Oklahoma City y solo hay una razón para esa estadística: le entrena Popovych.

Sin querer menospreciar al jugador galo, Diaw siempre había sido un jugador de rotación con poca importancia pero ahora es un jugador espléndido. Capaz de defender a James, de anotar de tres y de jugar al poste con ese cuerpo tan característico como sorprendente suyo. Diaw puede llegar a ser un factor diferencial. Sí, Diaw.

Cory Joseph y Patty Mills aguardarán su momento. Y sabiendo cómo son los equipos de Pops seguro que lo tendrán. Mills ha asumido sin problemas el rol de anotador durante gran parte de la temporada y ha respondido con números, ¿por qué no?

Si a todo este arsenal le sumamos que los dioses del baloncesto le deben un anillo por lo del año pasado, el mix es brutal. Se lo deben por el triple de Allen -que además hizo pasos antes de tirar, estoy seguro- por el posterior cabreo de Popovych cuando no le dejaron sacar rápido y tuvo que jugarse la última jugada contra una defensa organizada previo tiempo muerto, por el tapón de Bosh a Danny Green, por el posteo de Duncan a Battier y porque él, Duncan, salió casi llorando del AAA y es un mito. Un mito que no puede perder dos finales seguidas. No sería justo.