Earthquake: la historia de Skal Labissiere

Earthquake: la historia de Skal Labissiere

“Algo por lo que siempre me preocupaba de pequeño era la electricidad. Incluso antes del terremoto teníamos muchos problemas con la electricidad. Mi hermano pequeño y yo teníamos una GameCube y me gustaba jugar al NBA Live. Siempre que podría elegía a Kobe, mi favorito. O Tracy McGrady. Era cuando estaba en Houston así que T-Mac era muy bueno”, así comienza el relato de Skal Labissiere en The Players’ Tribune, un relato que vas desde las devastadas calles de Haiti en 2010 hasta la NBA en 2016 pasando por la mejor cantera, la de Kentucky.

“Los cortes de luz eran algo normal en Haití”, cuenta. “Había un calendario en cada uno de los pequeños pueblos de Port-au-Prince en los que se apuntaba cuándo iba a haber luz en cada uno. En mi barrio, Canapé Vert, se iba a las 2 de la tarde y volvía a eso de las 7 u 8 pero había muchas veces que se iba por la mañana y no volvía hasta el día siguiente. Había un calendario pero muchas veces sucedía al azar, nunca podías saber”.

Haití es un país que juega al fútbol y al béisbol pero Labissiere descartó pronto el primero. Lo jugó durante años pero solo conocía dos futbolistas altos en la élite, Zlatan Ibrahimovic y Peter Crouch. El problema residía en que con 12 años ya medía lo mismo que el delantero inglés, más de 2 metros.

Fue su madre la que, visto que era demasiado alto para el fútbol, le pidió que probara con el baloncesto. El problema para Skal era que no había baloncesto universitario ni nada parecido en Haití, solo partidos de NBA por la tele. “Un día mi padre me sentó en el sofá y me dijo durante un partido: “mira, ese es Kobe Bryant. Vi un montón de partidos y me quedé con movimientos. Daban muchos partidos de los Lakers así que vi mucho a Kobe”, recuerda.

Fue entonces cuando Skal y su hermano pequeño dejaron de ir a los partidos de fútbol que reunían a todo el barrio y comenzaron a probar en el baloncesto. Dibujaron con tiza una línea de tres alrededor del aro del barrio y empezaron a probar esos movimientos de Kobe que habían visto en la tv. “Daba igual el tiempo. Lluvia o sol, ahí estábamos, especialmente durante los apagones”.

No había muchas pistas de baloncesto en Port-au-Prince pero sí la tenían en el colegio. Era una institución que reunía a 2,000 niños que se dividían en diferentes deportes por lo que a pesar de que el baloncesto no era el deporte más seguido, se reunía mucha gente a jugar con las canastas del patio. No tenían el cuadrado de tiro en el tablero, no había línea de tres y con tantos niños por jugar, la competitividad era extrema: “Si perdías un partido tenías que esperar 5-6 para volver a jugar. Y odiábamos perder así que éramos muy competitivos”.

Con 13 años, Skal ya medía 2 metros así que tanto él como su familia comenzaron a pensar en el baloncesto profesional como una posible salida. Así acabó en Memphis por un conocido de un exjugador haitiano de baloncesto. Se llamaba Gerald Hamilton y tenía un programa para jóvenes talentos. “Mi padre era profesor de instituto y mi madre de guardería así que no me querían mandar a Estados Unidos para una vida mejor, simplemente querían lo mejor para mí“, explica.

Tenía 13 años y no sabía inglés. Faltaban cinco días.

La nada

Todo cambió el 12 de enero de 2010. Eran las 4.53 de la tarde y un terremoto de 7.0 grados en la escala de Richter arrasó con todo lo que cogió por su paso dejando Haití desolado. Los Labissiere -su padre estaba fuera de casa- fueron a reunirse en la sala cuando empezaron los primeros temblores, después todo se derrumbó. Skal podía oír aunque no veía nada pero, al menos, estaba vivo. Escuchaba a su hermano pequeño llorar pero también eso significaba que aún vivía y su madre estaba cerca rezando lo que también significaba vida aunque no sabía en qué condiciones.

“Solo tengo 13 años, soy muy joven para morir”, rezaba Skal. “No hay edad para morir”, le dijo su madre. Pasó de gritar a rezar y de rezar a pensar en silencio. El joven Labissiere creyó no salir del derrumbamiento de su casa pero recuerda lo que le dijo a su padre una vez le sacó de los escombros: “Me prometiste que iría a la NBA”. 

“Fui el primero en ser sacado de la casa -que se derrumbó-. No podía andar ya que casi no podía moverme y fue la gente la que me dejó en la calle donde había menos escombros“. Todo el barrio durmió en la calle y cada cinco minutos hubo réplicas ante las que solo quedaba rezar. Era el segundo terremoto que Labissiere sufría en su vida tras el de 2004 pero sería el que marcó su vida.

Allí tirado, el joven pívot de los Kings pensó si podría volver a jugar a baloncesto ya que sus piernas quedaron atrapadas en el derribo y no pudo moverlas durante dos largas semanas. Su familia sería de las afortunadas que solo durmió una noche a la intemperie en plena calle, al día siguiente pudieron hacerlo en la escuela de su madre aunque debido a las fuertes réplicas lo hicieron en tiendas de campaña o en las habitaciones menos dañadas. “Dormíamos pegados a la puerta, por si acaso”.

Muchas cosas cambiarían tras el terremoto y una de ellas fue la determinación de Labissiere Sr. sobre el futuro de Skal, lo mejor era salir de allí. No había línea telefónica por lo que contactar con el Sr Hamilton para irse a Memphis fue imposible durante unos días. Una vez encontrados, Hamilton llamó todas las noches para que su padre completara los papeles necesarios en el menor tiempo posible. Ya había escuela, faltaba un visado de estudiante. 

El primer intento fue denegado. La escuela de Memphis mandó unos papeles que decían que Labissiere sabía inglés pero no supo contestar en la embajada cuando le preguntaron porque no sabía el idioma. Al segundo intento tampoco, los papeles dejaban claro que Skal no sabía la lengua y que la iba a estudiar allí pero la embajada denegó la visa. Mr Hamilton tuvo que viajar a Haiti para que no hubiera problemas y a la tercera sí, Labissiere podía viajar a USA.

Siete meses después del terremoto y cuando su familia todavía dormía en la escuela de mi madre, Skal Labissiere iba a jugar baloncesto universitario en Estados Unidos. La adaptación fue todo lo difícil que cabía esperar sin saber el idioma ni tener un traductor. Skal aprendió inglés como pudo y empezó a jugar a baloncesto con los tipos más rápidos y talentosos que jamás había visto.

U-ESE-A

La sorpresa vino en el primer partido del año sophomore. Mr Hamilton vino y me dijo que John Calipari iba a estar en el partido y no necesitó decirme más, ya sabía quién era. “Tiempo después supe que Coach Cal vino a verme a mí”.

Fue un buen partido para él: “17 puntos, 11 rebotes y algunos tapones”, recuerda y tras ello, llegó la llamada. “Te he entrenado antes, te he entrenado en Marcus Camby y en Anthony Davis. Puedes ser uno de ellos”, el hombre al otro lado de la línea era John Calipari.

Solo estuvo un año a sus órdenes y en 15 minutos promedió 6 puntos y 3 rebotes lo que le llevó a la 28ª posición del draft de 2016. Los Phoenix Suns le traspasaron esa misma noche a los Kings en un traspaso con Bogdan Bogdanovic y Georges Papagiannis a cambio de Marquesse Chris. En Sacramento sus números como rookie han sido de 8 puntos y 5 rebotes lo que promediando por 36 minutos, daría 17 de los primeros y 9,5 de los segundos además de casi un tapón.

Cuatro veces ha superado los catorce puntos (15, 19, 25 y 32). Su mejor choque fue precisamente ante los Suns a los que destrozó con 32 puntos y 11 rebotes aprovechando la tesitura de una pintura libre de DeMarcus Cousins.