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Muchos recordarán a Delonte West por dos cosas que nada tienen que ver con el baloncesto. Por un lado la supuesta relación que mantuvo con la madre de LeBron James y que acabó con su salida de los Cleveland Cavaliers. Por el otro por su detención, armado, que hizo imposible su visita a la Casa Blanca en 2011 cuando sus compañeros de los Mavericks -por aquel entonces campeones de la NBA- iban a cumplir con la clásica visita al presidente, Barack Obama.

Detrás de esas anécdotas se encuenta la historia de un hombre deprimido, de un hombre enfermo. Empezando por el inicio, Delonte West nació en Washington DC, la capital de Estados Unidos, en 1983 y llegó a la NBA 21 años después, es decir, en el draft de 2004, el primero tras LeBron James y el que coronó a Dwight Howard que fue el primer pick.

En Washington comenzó todo. Allí, un joven pálido y pelirrojo Delonte West sufría el acoso y las risas de sus compañeros simplemente por ser diferente. Y él respondía en la pista donde era, evidentemente, el mejor: “Ahí no se podían reír”, dijo West al Washington Post en 2015. Cuando se Delonte_West_(Celtics)lesionó la rodilla y paró de jugar al baloncesto dejó de ir al colegio lo que hizo que su madre le enviara al destino rural donde su padre vivía. West comenzó a autolesionarse y a tomar pastillas cuyos nombres no quiso relatar al Post.

Una noche, estaba decidido a acabar con todo, cuenta que esa era la noche pero lejos de hacerlo acabó de rodillas haciendo un pacto con Dios: “Si me das la oportunidad de jugar en la NBA, honraré tu nombre”.

El primer paso hacia la NBA fue el Eleanor Roosevelt High School donde su entrenador recuerda su primer partido: “No sabía cómo expresarles lo decepcionado que estaba”, dice. Entonces Delonte levantó la mano para pedir perdón a su coach y a sus compañeros algo que Glenn Farelo -su técnico- recuerda con una sonrisa: “Era el único del que no tenía quejas pero así era Delonte”. Después llegó la St Joseph’s University primero y los Boston Celtics después.

Sufrió el acoso y las risas desde pequeño por ser pálido y pelirrojo y lo volcó en el baloncesto: “Ahí no se podían reír de mí”

Su carrera nunca fue brillante pero Delonte demostró desde el principio ser un complemento de nivel para una estrella. Lo hizo en Boston y especialmente en Cleveland.Promedió 11 y 12 puntos en los Celtics lo que le abrió las puertas de The Land tras un breve y traumático paso por los Seattle Supersonics.

Llegó a los Cavaliers y promedió 10,3 y 11,7 puntos con 3,5 y 4,5 asistencias por partido lo que le hacían un buen complemento a la estrella del equipo que, evidentemente, era LeBron sin ningún tipo de duda.

Su carrera se fue apagando en Ohio, regresó a Boston y acabó dos veces en Dallas, la primera con los Mavericks que tuvo un mal final por problemas de indisciplina y la segunda, también en Texas, en el filial de los Mavericks donde Delonte West enterró su carrera en la NBA para siempre.

Lo que nadie sabía por aquel entonces era que Delonte West no es un juguete roto de la NBA, no era un pandillero que no supo abrazar la gloria de la NBA o aguantar su ritmo de vida, era un tipo enfermo, un chico al que había que cuidar de verdad.

Self-destructive behavior

Delonte West en un aparcamiento – y sin zapatillas- es lo último que sabemos de él pero su infierno empezó hace años. Hace muchos años. Era la pretemporada de 2008 y Delonte West vivía su primer verano con los Cleveland Cavaliers. Aquel verano había sido duro para muchos y especialmente para LeBron James tras caer en segunda ronda del Este ante los Celtics – a la postre campeones- a pesar de los 45 puntos de James en el último duelo en el Garden.

El boxscore demuestra que un joven James -solo 23 años- no pudo hacer más con un equipo en el que solo un jugador le seguía el ritmo en minutos -disputó 45 aquella noche- y también solo un anotó más de diez puntos. Era Delonte West. Aquella pretemporada sería el inicio de la tormenta con unos primeros truenos que asomaban y envidenciaban que algo no iba bien.

En las Finales del Este de 2009 solo un jugador promedió más minutos que LeBron James en pista para los Cavs: fue Delonte West

Delonte West montó en cólera contra un árbitro de instituto que los Cavaliers tenían para ese tipo de partidillos de verano. Entonces desapareció, algo que fue una constante en su carrera primero y en su vida después.

Se fue a Washington consciente de que necesitaba ayuda y el diagnóstico confirmó los peores presagios: trastorno bipolar. Delonte West era uno de ese casi 10% de ciudadanos de Estados Unidos con depresiones clínicas solo que tenía, además, un trabajo y una vida que le hacía el día a día más complicado. Tras aquel incidente del entrenamiento de los Cavaliers llegó a ser arrestado. Por si fuera poco, Delonte estaba sufriendo un dolorosa divorcio de su primera mujer.

“Pensaba que me quedaban casi diez años de baloncesto” dijo West en 2015 al ser preguntado sobre aquel verano. “Convivía con mucha culpa y no procesaba bien las cosas”. Regresó a The Land y se abrió a los medios que entendieron el problema y le mostraron su apoyo. “Me lleva persiguiendo toda la vida, ese comportamiento de autodestrucción”, dijo.

Aquella temporada, West promedió 11,7 puntos, 3,2 rebotes, 3,5 asistencias y 1,5 robos por partido en los Cavaliers durante la temporada y completó los mejores playoffs de su vida. Pero también los más duros.

Boston+Celtics+v+Cleveland+Cavaliers+Game+UbWqBHrpXM_lDelonte West cargó siempre con un peso inhumano en forma de enfermedad mental. Un entrenador suyo le encontró llorando tras un partido y no fueron ni una ni dos las veces que se quedó dormido en un gimnasio tras una sesión de tiro y los fantasmas aparecían con cada revés. En aquellas finales del Este todos apuntaron a LeBron James con el dedo pero no fue el 23 el que más minutos disputaba a las órdenes de Mike Brown, ese papel era el de Delonte.

Promedió casi 45 minutos sobre la pista y le tocó el papel de bailar con la más fea -de manera literal- de los Orlando Magic. Hedo Turkoglu se ganó un contrato millonario en Toronto meses después tras destrozar el sueño de LeBron James y de los Cavaliers de colarse en las finales de 2009 y dirimir de poder a poder el título con los Lakers de Kobe Bryant, Lamar Odom y Pau Gasol.

Delonte completó los 45 minutos de promedio con 14,5 puntos, 3,8 asistencias, 3 rebotes y casi dos robos por partido con un 45% en tiros de campo o lo que es lo mismo, unos números notables para cualquiera.

Su problema fueron los 17 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias de un Hidayet Turkoglu que no volvería a acercarse a ese nivel en su vida. Los Magic arrollaron a los Cavaliers con un estilo marcado -el de Van Gundy- con cuatro tiradores y un pívot intimidante y se plantaron en las finales donde los Lakers no iban a fallar dos años seguidos.

Seroquel 

El seroquel era y es la medicina de Delonte West, la manera que el zurdo tenía de enfrentarse a sus fantasmas y la culpable del capítulo que enterró su carrera. Todo ocurrió una noche de septiembre de 2009 cuando Delonte tuvo que salir de su casa en su moto de tres ruedas armado y con suficiente munición para aguantar un asalto. Lo que no se quiso saber era qué había llevado a Delonte a coger una funda de guitarra y meter ahí una pistola de 9 mm, un revólver y una escopeta.

West no era tirador, era coleccionista de armas y un mal día, sus primos pequeños hicieron noche en su casa. La madre de Delonte, con la que vivía tras un traumático divorcio que hizo poco favor a su salud mental, despertó en medio de la noche y vio a los pequeños con las armas por lo que alertó a su hijo y le dijo que tenía que sacarlas de casa.

Obediente, Delonte cogió su moto y una funda de guitarra con las tres armas y munición pero no tuvo en cuenta algo: se había tomado el Seroquel, un antipsicótico recetado para pacientes con depresión bipolar, manía o esquizofrenia y entre cuyos efectos secundarios se encuentra el aturdimiento.

Unos movimientos extraños de una moto alertaron a la policía de Maryland que, en buena lógica, detuvo al conductor. Al hacerlo descubrió que llevaba una funda negra en la que viajaban tres armas por lo que prodeció a detener al sujeto. Era Delonte West.

El destino le había jugado una de los peores pasadas de su vida y Delonte no pudo superarlo. Esa misma pretemporada y antes de salir corriendo del vestuario para calentar, Delonte West se encaró a un periodista lo que obligó a sus compañeros a ponerse entre ambos por si acaso. Aquella temporada sería la última de LeBron James en The Land en su primera etapa y acabó de malas maneras. Primero por el circo que montó LeBron para anunciar su destino lo que propició quema de camisetas y demás muestras de odio hacia su persona incluyendo un vídeo a su famoso vídeo de “What Should I Do?”. Segundo porque aquel partido en el Garden sería el último con una camiseta de Cleveland para Delonte que sería protagonista de la actualidad de los de Ohio por delante de LeBron desde el día siguiente.

Comenzó a circular el bulo – nunca nadie lo confirmó- de que Delonte tenía una relación con Gloria James, la madre de LeBron y la madre de América en aquella época. El huracán de odio que generaba LeBron a cada paso que daba aprovechó la mentira para decir que James no se encontraba a gusto en el vestuario, que no había química y que ese presunto lío de faldas de Delonte tenía la culpa de que los Cleveland Cavaliers no fueran capaces de eliminar a los Boston Celtics.

Ese verano regresó a Boston donde todo había comenzado pero no pudo reconducir su carrera. Diez partidos de suspensión por el episodio de las armas fueron su carta de presentación en el Garden. 24 partidos con 5 puntos de media fueron su triste adiós a Boston antes del lockout de la NBA que, como no podía ser de otra manera, le llegó en el peor momento.

El coste de su tratamiento había dejado a Delonte West sin casi dinero para vivir y mientras otros compañeros se fueron a China, Europa o continuaron entrenanando para la temporada 2011-12, él trabajó en una fábrica de muebles en Maryland.

Cuban

Entonces apareció Mark Cuban como un ángel salvador. Muchos años después de ser el único hombre en la NBA capaz de darle una oportunidad a Dennis Rodman, el propietario de los Mavericks hacía lo propio con otro bicho raro de la NBA.

888Y es que el incidente de las armas había puesto sobre alerta a mucha gente y algún que otro periodista atacó a West y le puso el cartel de peligro público utilizando su enfermedad como un arma contra él.

Los Mavericks sin embargo, confiaron en él, pero no tardaron mucho en ver que se equivicaron. Delonte estaba en una espiral de autodestrucción que le hizo ser suspendido en dos ocasiones por los Mavericks en octubre, cuando la temporada NBA casi ni había comenzado.

El otro lado de la historia en Dallas fue salvaje. Delonte, que había firmado un contrato por 800,000 dólares, no encontó un solo sitio donde vivir. Caseros o propietarios no se fiaban de él y no querían arrendarle nada llegando al punto de tener que dormir en el vestuario de los campeones de la NBA o en el propio parking del American Airlines Arena.

Llegó a oídos de Cuban que solo tuvo que hacer un par de llamadas para encontrarle un apartamento. Uno con un balcón al AAA donde Delonte West se sentaba -una vez cortado- para ver a la gente ir a ver a los Mavericks. Allí se quedaba dos horas, llorando y sin moverse viendo cómo la gente iba o volvía del baloncesto.

Me quedaba allí quieto, llorando y dejé de comer. Estaba todo tan cerca y sentía que todo tenía que ver con una mala decisión que tomé en Cleveland mucho tiempo atrás. Sentía que -la NBA- se estaba escapando”.

En aquellos días oscuros, Delonte West conoció a Caresha, su mujer y la madre de su hijo Cash. Se mudaron a Fort Washington a la mansión de ocho dormitorios y piscina que Delonte todavía tenía. Tenía la casa sí, pero no podía mantenerla. Esperó una oferta de la NBA que no llegó y acabó teniendo que calentar agua en la estufa para que su mujer -embarazada- pudiera darse un baño caliente.

Las miserias del ex de Cavs y Celtics llegaron al punto de que se declaró a su mujer cortando un trozo de cuerda que encontró en el garaje. Ella dijo que sí. Comenzó la liquidación pensando qué posesiones podía vender o eso pensó su familia. Pero él tenía otros planes: “Todo lo que veía lo tiraba, camisetas, trofeos, todo”.

Retirado y tranquilo “di un paso atrás para dar cien hacia adelante”, Delonte recibió una llamada en 2013. Era Dallas, otra vez.

Aunque él no lo sabía, los Texas Legends que le ofrecían jugar baloncesto profesional de nuevo eran el filial de los Dallas Mavericks. Tras 45’ de uno contra uno, Delonte agachó la cabeza y se fue al vestuario de donde saldría quince minutos después. El peso -había perdido más de 10 kilos- no ayudaba pero el talento estaba ahí.

West pensó que no podría volver a la NBA y firmar un contrato multianual de la nada por lo que vio en la D-League un trampolín que no pudo aprovechar por una lesión en la mano.

Jugó en China y en Venezuela antes de volver a los Legends en 2015 donde su excompañero Fred House, destacó nada más llegar que le veía centrado y muy en forma.

Dejó de tomar la medicación al aceptar que estaría triste y alegre como una persona normal pero este año volvió a la palestra al aparecer en un aparcamiento en Houston sin zapatillas. “Solía serlo” respondió a un joven que le preguntó si era Delonte West.