Elegido en el puesto número 17 del draft de 2005 por los Indiana Pacers, el alero de Lousiana fue la estrella indiscutible de la franquicia de Indianápolis desde la marcha de Pedja Stojakovic hasta su lesión, la que, de una manera u otra,  propició estos Pacers que vemos y disfrutamos a día de hoy.

Su periodo en los Pacers apuntaba a ser de esos pocos casos románticos, toda la vida unida a unos colores pero Larry Bird se cruzó en su camino. No se puede criticar la transacción objetivamente aunque sentimentalmente es dolorosa para la masa social de los Pacers. Granger les ayudó a despertarse del letargo, les ayudó a plantar cara a los Heat de LeBron James hace dos años, en definitiva, Danny Granger les puso en el mercado, en el mapa.

Y ahora se va a Philadelphia. Sí, a Philadelphia. Los 76ers comenzaron el día del fin de mercado traspasando a Spencer Hawes en otra desesperada llamada al número 1 del draft y acabaron cambiando a Granger por Turner, número 2 del draft de 2012.

A nivel deportivo -individual claro- la noticia para Granger es positiva pues jugará sin presión, sin límite de minutos y en un equipo que debería jugar para él. Granger podrá disponer de minutos, tiros y sensaciones para volver a ser el jugador al que los Pacers le pusieron encima un contrato millonario.

Lejos de los focos que apuntaban su nombre como mejor sexto hombre del posible campeón, Indiana, Granger tendrá que rehacerse y olvidar estos dos años tan nefastos para él. Dos años esperándole en Indiana, dos años viendo a su equipo aspirar a todo…y se acaba todo de repente.

De repente porque el bombazo lo soltó el de siempre, Adrian Wojnarowski, sin que nadie lo esperara. Lavoy Allen y Evan Turner ocuparán su sitio físico en el equipo pero el puesto que tenía Granger- y su muñeca- en el corazón de todo Pacer no lo ocuparán fácilmente.

Indiana nunca podrá olvidar a Granger. Nunca.