Brandon Ingram, el futuro de los Pacers

Brandon Ingram, el futuro de los Pacers

No me he vuelto. No por ahora. Cada vez que veo a los Pacers en directo coincide con partidos de esos de “debería llevar 2-3 horas dormido y estoy aquí, viendo esto”. Como ayer.

Cualquiera que siga la NBA desde hace un par de años sabe que cualquier cosa puede pasar en octubre, noviembre, diciembre, enero o febrero pero que a finales de marzo y principios de abril los equipos que no tienen nada que hacer deben considerarse asequibles para aquellos que sí aspiran a entrar en la postemporada. Como ayer los Timberwolves visitando a los Pacers. Pero claro, no.

Indiana cayó víctima de dos errores arbitrales que dieron pie a cinco tiros libres a los Timberwolves en el minuto final pero mereció perder ante los de Thibodeau y merecería ser noveno del Este si no fuera porque los Chicago Bulls -novenos a día de hoy- son una verbena aún mayor. En el mes de julio, muchos veían a los Pacers como el equipo capaz de competirle el Este a LeBron James con Paul George como estrella indiscutible y candidato -por qué no- al MVP de la NBA.

El de Palmdale está lejos de ser considerado uno de los cinco aspirantes al galardón porque su temporada ha sido como la de los Pacers y se corona con una sensación clara de que el proyecto está acabado y de que George no seguirá en Indianápolis dentro de unos meses. Le queda un año de contrato pero no va a renovar y yo tampoco lo haría. Soy de los Pacers por Danny Granger -su mentor- pero ese chaval que se presentó al concurso de mates me cautivó a pesar de que en el 2K12 tenía foto de niño, foto de rookie salido del college con su gorra y todo. George es de mi quinta y era un defensor impresionante que, de la nada, mutó en una super estrella, en un two way player descomunal y en un jugador que podía dominar la NBA por talento. Pero no por talante.

Llegados a este punto, tengo dudas sobre si el pobre rendimiento de George es debido a que sabe que el proyecto está muerto o si el rendimiento de los Pacers es culpa de su falta de liderazgo. Con 27 años, es el único jugador -con Lavoy Allen que llegó a cambio de Granger- que suma más de tres temporadas en el equipo y eso habla de una planificación -por llamarlo de alguna manera- patética por parte de Bird.

Hace tres años los Pacers ganaron la Regular Season con 56 victorias y Larry Bird vio volar a Lance Stephenson por un dinero que, a posteriori, ha demostrado no merecer. Pero ahí acabó todo. No tuvo culpa de la grave lesión de George pero el equipo se acabó ese verano. Antes había decidido traspasar a Danny Granger en una transacción que incluso ahora defiende a pesar de las consecuencias que tuvo para el equipo y luego llegó lo que tenía que llegar.

Vogel

Frank Vogel era un entrenador que me encantaba y bien sabrá quien me conozca que no soy muy de entrenadores. Pero de él sí. Bird le puso la cruz en el verano de 2015 cuando se quedó a un desempate de meter al equipo en playoffs a pesar de que solo Solomon Hill y Luis Scola estuvieron exentos de lesiones aquella temporada. Indiana acabaría la temporada con 38 victorias y 44 derrotas y perdería el billete tras caer en Memphis en la última jornada en un partido jugado sabiendo que tenía que ganar sí o sí y en el que Paul George todavía tenía limitación de minutos. Ese año, George Hill jugó solo 43 partidos, también lastrado por las lesiones.

PG con una camiseta de los Lakers de niño
PG con una camiseta de los Lakers de niño

Como premio a esa primera ausencia en la postemporada, Bird le regaló a Frank Vogel la patata más caliente de la historia. Obligó a Vogel a cambiar de estilo porque él quería ser más atractivo como si dos Finales del Este -consecutivas- no estuvieran por encima de cualquier estilo y quiso obligar a George a jugar de ala pívot. Un año después ha renunciado a la idea de que el 13 juegue de ala-pívot en un small-ball muy moderno y ha renunciado porque George se ha hartado de decirle que no quiere jugar ahí. Olé.

El futuro de los Pacers no pasa por Paul George, pasa por lo que Larry Bird saque por él. Los Lakers serán su destino y con un pick alto del draft que podría hacer llegar a LA un base estrella me temo que la franquicia angelina podría ofrecer -y Larry Bird aceptar- a D’Angelo Russell pero espero que llegue Brandon Ingram.

De él dicen que se parece a Kevin Durant de joven, que puede ser una superestrella pero lo que sabemos es que su año rookie ha decepcionado. Los Lakers necesitan una superestrella a la de ya y no encontrarán otra dispuesta a irse a Hollywood e Ingram necesita un proyecto hecho a fuego lento, no los Lakers. Y ahí estarán los Pacers de Myles Turner.