Ben Gordon habla de su depresión en Players' Tribune

Ben Gordon habla de su depresión en Players’ Tribune

«Cogí una cuerda – de las gordas- y me la até alrededor del cuello. Cogí una silla y me colgué. De verdad» es parte del escalofriante relato de Ben Gordon en The Players’ Tribune sobre su vida después de la NBA. Con 36 años y nacido en Londres, Gordon fue uno de los mejores jugadores jóvenes y apuntaba a auténtica estrella de la NBA pero cuando estaba entre los mejores anotadores de la liga -20,8 puntos en 2008- empezó un declive marcado por problemas físicos que acabaron enterrando su carrera.

En 2015 cerró su etapa en la NBA con poco más de 50 partidos con los Orlando Magic y un lustro después se ha abierto en otro texto imperdible para entender algo que la NBA quiere visualizar: las enfermedades mentales.

Gordon explica que después de 30 años de pensamientos de killer, no se iba a poner en manos de un terapista: «¿Sabes a qué me refiero? Típico hombre negro. Mis problemas son mis problemas, de nadie más. Es mi mierda», se sincera.

BG explica con detalle lo que pasó por su cabeza cuando se colgó. 

«Ey, BG, estás a punto de morir. Y tú no quiere morir. No quieres matarte. Quieres vivir, B. Quieres vivir, hijo de puta. Mejor sálvate». 

Desde pequeño, Gordon habla de un niño casi hiperactivo que canalizaba toda su energía a través del baloncesto: «En una sala, podía oír los ruidos que hacían los fluorescentes, analizaba lo que mis compañeros pensaban y hacían a través de su lenguaje corporal». 

«En baloncesto la obsesión  no es una debilidad. El baloncesto premia la obsesión». 

Explica que fuera de la pista y dentro eran personas diferentes. «Tenía mentalidad de asesino en serie. Analizaba las debilidades de mis rivales y pensaba cómo masacrarles». Explica que medía 6’1″ aunque siempre quisieron darle algo de más -6’3″-. 

«Me vi con Kobe Bryant y Tony Allen defendiéndome y, ¿sabéis lo complicado que es anotar por encima de ellos midiendo 6’1»? Tienes que ser metódico, todo calculado…obsesivo. 

La mañana antes de un partido me sentaba en una sala vacía e imaginaba el partido en mi cabeza. Los 48′, los tiempos muertos de televisión. Todo. 

Cualquiera que me viera pensaría que estaba loco o aburrido.

Pero en mi cabeza estaba pensando cómo masacrarlos. Quiet Ben. Gentle Ben. Masacrándolos»

Lo que quiero decir es que si vives 30 años con esa mentalidad, cuando llegas al final de tu carrera, no tienes minutos y todo ese odio, dolor y miedo, ¿qué haces con él?

¿Qué crees que puede pasar?

¿Un terapeuta? No me jodas

Toda mi carrera fui un lobo en piel de cordero pero ya no tenía el baloncesto, el lobo estaba saliendo. No me preocupa cortarme el pelo ni afeitarme, no me importa nada más que mis pensamientos». 

Parte del problema era que no sabía que lo que me estaba pasando tenía un nombre. No sabía que estaba sufriendo episodios. Normalmente me cogía leyendo sobre religión o espiritualidades y teorías de la conspiración y me atascaba. Era como un niño, me preguntaba todo. 

No había tiempo ni espacio, solo un millón de pensamientos. 

Así que llego al momento en que parezco Kanye West. Estoy castigando a mis chicos con muchos momentos de conocimiento, es mi terapia. Estoy en un bucle y no conozco terapeutas así que mis chicos lo son, ¿bien?

Después el bucle pasa a insomnio.

Y el insomnio a paranoia. 

La paranoia en delirios de grandeza.

Y de repente me están echando de hoteles por pedir estar en plantas altas. 

Los delirios pasan a ser ataques de pánico. 

Por ejemplo, voy al termostato de casa. Tengo uno de esos que te muestra la temperatura cuando te acercas. 

72 grados.

72. 72. 72

No puedo dejar de verlo

BG, vas a morir a los 72

Ahora soy bipolar. No duermo, tengo espasmos de energía, estoy en mi mochila, soy espontáneo, hago lo que quiero. 

Como no duermo pero mi mente sigue trabajando, acabo alucinando. Veo cosas que no está ahí, escucho voces, siento que Dios me está hablando , que está intentando decirme algo.

Entonces empiezo a pulsar alarmas de fuego

Es entonces cuando empiezo a ser detenido

La cosa va tan mal que me mandan a un hospital mental y el problema es que no sé qué hago ahí. Es como una película, una sala blanca y hay médicos y enfermeras atándome a la cama y pinchándome con agujas.

Solo recuerdo pedirles que no me hicieran daño. Me miré al espejo y pensé que no reconocía al del reflejo, ¿dónde estaba Gentle Ben? En ese momento es cuando empecé a disociar mi persona de Ben Gordon, pensaba que era un clon, que ese cuerpo no era mi cuerpo. 

Creé un nombre para esa otra persona, otro email, otro número de teléfono. Envié emails a gente diciendo que tenía otro nombre y que «ese era mi yo real, no se lo digas a nadie». 

Sé que habrá gente leyendo esto y riéndose, que pensarán que es gracioso. Que es nunca te podría suceder a ti, ¿verdad? 

Eres normal, ¿verdad?

Ves a esa gente en la calle que necesita ayuda y está sufriendo y simplemente pasas de ellos. No son como tú, tú eres diferente, nunca podrás acabar como ellos. 

¿Verdad?

Nah.

Las enfermedades mentales le tocan a cualquiera. Todas las comunidades, todas las personas. Tú o cualquiera que quieras puede estar tocado por ellas en algún momento, no es que un día me despertara siendo el jugador de la NBA y al día siguiente estaba en el lobby del Waldorf Astoria. 

Creía que estaba atrapado en ese purgatorio para siempre, buscaba cualquier manera para escapar y es así como acabé en un lugar oscuro en el que pensaba en el suicidio cada día. 

Así es como acabé con una cuerda alrededor de mi cuello. Al filo de la muerte. 

Y fue como «no quiero morir» pero no podía aguantar el dolor. Lo único que me salvó fue ser arrestado cuatro veces en cinco meses. Estaba fuera de mí así que el juez me mandó una terapia de 18 meses.

Terapia, hijos de puta. 

La primera vez pensé que no sería útil. Qué me va a decir una mujer blanca mayor de lo que estoy pasando, ¿cómo me va a ayudar? No puede decirme NADA.

Bueno, no lo hizo.

Casi no dijo ni una palabra. 

Pero llegaba, me sentaba y simplemente hablaba de mis mierdas.

¿Y sabéis qué? Me sentía muy bien. Acabé haciendo seis meses de más, por mi cuenta. No porque me obligaban, simplemente porque pensaba que tenía que hacerlo. 

Me ayudó con muchas cosas pero por encima de todo, creo que me ayudó a asumir el hecho de que «B, eres diferente. Y eso está bien. No tienes que ser perfecto. ¿Esos hábitos que te llevaron a la liga? No los traslades a la vida real».