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En la guía del año pasado saqué la bola de cristal para predecir cosas que eran lógicas de suponer en la NBA el año pasado. Una de ellas era que Damian Lillard se iba a tirar hasta las zapatillas que Adidas le había decidido personalizar el pasado verano. Nada más lejos de la realidad. 

El base de Oakland fue uno de los jugadores que más reforzado salía ya no de la temporada pasada sino de las últimas temporadas en la liga. 

Lillard promedió 25 puntos, 7 asistencias y 4 rebotes pero más allá de los números demostró que puede liderar una franquicia ganadora sin aparentes estrellas a su lado. El verano de 2015 parecía un punto de inflexión en el Moda Center y es que a la presumible salida de LaMarcus que se fue a los Spurs le sucedieron las de Nicolas Batum a los Hornets, Wesley Matthews a los Dallas Mavericks y Robin Lopez a los Knicks. 

Y de desmontar el quinteto los Blazers sacaban a Noah Vonleh que ni siquiera estaba llamado a ser titular en Oregón ya que más allá de una notable Summer League cuando era rookie, no había ni ha demostrado el potencial que parecía atesorar. 

RIP CITY 

Además de Lillard, ¿quién salió reforzado? Pues los Trail Blazers como una organización que pasó de un tanking más que goloso con Ben Simmons y Brandon Ingram en el horizonte y Terry Stotts como un técnico que no era del gusto de todos cuando tenía un quinteto que explotaba sin rotar -cuando tenía mimbres para tener más jugadores jugando- pero que ahora se ha ganado el respeto de todos y algo que nunca le quitará nadie: el cartel de meter en postemporada a un equipo que había perdido cuatro titulares y no había fichado nada de relumbrón. 

De la noche a la mañana se destapó como un técnico capaz de sacar lo mejor de un grupo de jóvenes con hambre liderado por un killer con el orgullo herido como era Lillard. 

La RIP City pudo hacer bueno su mote y optar por una temporada de veinte o veinticinco victorias y nadie, absolutamente nadie, se habría atrevido a reprocharles nada que no fuera una actitud escandalosa si llegado el momento la hubiera tenido. 

Y no quiso. Ni por Simmons, ni por Ingram ni por Jaylen Brown ni por absolutamente nadie. Stotts cambió el quinteto, puso el foco sobre su estrella y sobre un suplente con ganas de demostrar que tenía sitio en la liga y los Blazers funcionaron. Sin nada, con un serial killer como Lillard y con CJ McCollum haciéndonos preguntar por qué el cuadriculado de Stotts no le había dado más minutos en la rotación cuando los Blazers tenían un quinteto superior. Cosas que nunca entenderemos. 

Stotts le dio una vuelta al equipo y con Lillard de estrella se sacó de la chistera al jugador más mejorado de la NBA y un buen número de jugadores que habían sido marginales en sus equipos y que encontraron en los Blazers un nicho donde inscribir su nombre con letras mayúsculas. 

Además de McCollum, Allen Crabbe aprovechó su momento, Mason Plumlee demostró que su marcha es un error -otro más- de una franquicia ruinosa como los Brooklyn Nets y Al Farouq Aminu explicó paso a paso que no se había equivocado yendo a Oregón cuando su rol de secundario en un equipo aparentemente mejor como los Mavericks parecía mejor escenario para él. 

Con una rotación abierta donde todos 

tenían su rol y su momento, Meyers Leonard aportaba, Harkless tenía sus días importantes y Noah Vonleh crecía. Los Blazers fueron un equipo tan extraño, tan inesperado que Gerald Henderson, que parecía uno de los hombres que serían importantes tras llegar a cambio de Batum, jugó 72 partidos y ninguno de titular sin llegar a promediar 10 puntos por noche. 

Stotts quería un equipo joven y Henderson aceptó su rol y esperó para aportar. Y lo hizo, como todos. 

El resultado fueron unos Blazers sextos, un puesto por encima del que les habría tocado doce meses antes si no tuvieran que ser top4 por castigo. Sin LaMarcus Aldridge, Nico Batum ni Wesley Matthews los Blazers ganaron siete partidos menos pero siguieron siendo equipo de postemporada en el Oeste y, además, lograron cinco victorias en postemporada. 

Lo hicieron de aquella manera y con todos los “sí, pero...” que se le quieran poner pero lo hicieron. Los Portland Trail Blazers se cargaron a Los Angeles Clippers en la primera ronda de los playoffs del Oeste y les robaron un partido a los Warriors que habrían sido dos si no llegar a aparecer un ángel llamado Stephen Curry en modo “he vuelto” en el Moda Center como él mismo gritaba mientras se golpeaba el pecho. 

Unos Clippers sin Griffin ni Paul sí, pero también eran unos Blazers sin LaMarcus o Batum y se plantaron en segunda ronda del playoff del Oeste en un año que todos marcaban como de transición. 

LA DEFENSA 

Los Trail Blazers fueron el sexto mejor ataque de la NBA con un equipo donde el espacio que abrían por doquier se aprovechaba en el triple. 

La Rip City disfrutó de un 37% de acierto de los suyos desde más allá del arco mientras veía desangrarse al equipo atrás. En ese sentido sí se notaron las bajas y es que un protector de todo lo tuyo como Robin Lopez no se encuentra así como así y el hueco que dejó el pívot fue imposible de cubrir el año pasado. 

Para esa labor llega este año un ganador de la NBA, un hombre que pudo decantar el futuro del anillo del pasado curso con todo lo que eso habría supuesto en el mercado y en la NBA, y que lo hizo para los Cavaliers con dos defensas nefastas antes LeBron James. Sí, es Festus Ezeli. 

El pívot nigeriano escuchó cantos de sirena durante toda la temporada. Era suplente en los Golden State Warriors pero se oía que los Lakers preparaban mucho dinero para llevárselo en la agencia libre y finalmente fue Mozgov el destinatario de poco menos que un cheque en blanco por parte de los angelinos. 

Ezeli tendrá que proteger la zona y más allá de no ser un hombre de élite en defensa, con el ritmo ofensivo de los Blazers con simplemente no ser la 20º defensa de la NBA y ser la 12ª o la 14ª, el salto será significativo. 

El otro hombre importante que ha llegado es Evan Turner. Tras jugar en unos Sixers a la deriva, ET protagonizó el traspaso que nunca debió suceder en los Pacers y que acabó con las posibilidades de los de Vogel de llegar a las finales de la NBA pero se rehizo en los Celtics. No anota como en los Sixers porque no asume tanto pero Evan Turner aporta en todos los apartados. 

Anota, rebotea y asiste con facilidad lo que le convierte en un arma de mucho valor para los Trail Blazers. Además tiene 28 años lo que le convierte en un veterano en un vestuario donde la veteranía brilla por su ausencia desde que Chris Kaman se marchara este verano. ¿Objetivo? Divertirnos, claro. 

FRANCHISE PLAYER: DAMIAN LILLARD 

Demostró desde su irrupción en la liga que podía formar un dúo letal con LaMarcus Aldridge y el año pasado se desquitó como estrella con todos los galones habidos y por haber. Uno de los mejores bases de la NBA en anotación y uno de los jugadores que más espacio ofensivo absorbe con pocas lagunas en su carta de presentación. Un jugador diferente, un jugador al que querer.